- La soprano Alicia Torres Garza y el promotor cultural Erick Zermeño reflexionaron sobre la trayectoria y el legado de la contralto duranguense
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través de la Coordinación Nacional de Música y Ópera, realizaron el miércoles 29 de julio un conversatorio dedicado a la vida y legado de la cantante mexicana Fanny Anitúa (1887-1968). En la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, la soprano Alicia Torres Garza y el promotor cultural Erick Zermeño reflexionaron sobre su trayectoria artística y su contribución a la ópera mexicana, como parte del ciclo Pláticas de café.
Considerada una de las grandes voces mexicanas de la ópera, la contralto duranguense desarrolló una destacada carrera en escenarios nacionales e internacionales. Llevó su talento a teatros europeos como La Scala de Milán y abrió camino a nuevas generaciones de intérpretes, contribuyendo al prestigio de la lírica mexicana.
La concertista de Bellas Artes Alicia Torres Garza recordó que conoció personalmente a la célebre cantante, quien debutó a los 22 años en Italia como protagonista de Orfeo y Eurídice, de Christoph Willibald von Gluck.
Torres Garza destacó que Fanny Anitúa ocupa un lugar fundamental en la historia musical de México, especialmente en la ópera y la docencia. “Muchos desconocemos la trayectoria artística de Anitúa, que abarca más de 40 años; por eso este conversatorio es un homenaje a mi maestra. Incluso reconozco que fui su última discípula”.
Por su parte, el investigador y gestor cultural Erick Zermeño afirmó que Fanny Anitúa trasciende el nombre de una escuela y es una de las más grandes artistas que México ha dado al mundo.
Comentó que en su natal Durango existen calles, escuelas y bibliotecas que llevan el nombre de la cantante, quien desarrolló una brillante carrera artística y fue impulsora de instituciones dedicadas a la enseñanza y formación musical.
“Después de Ángela Peralta, Anitúa es la mejor cantante de México por su voz excepcional, que rebasaba las tres octavas”, afirmó. “Era una genuina contralto, con un timbre maravilloso y cálido, de escuela italiana, además de poseer un amplio repertorio. Fue la primera mujer que grabó el Himno Nacional”.
Recordó que Fanny Anitúa obtuvo una beca para estudiar canto con Aristide Franceschetti en Roma. Destacó que, a lo largo de su carrera, ofreció recitales con fines filantrópicos y se retiró de los escenarios en 1940. Ocho años más tarde, el Palacio de Bellas Artes le organizó una función especial en la que interpretó un papel de La Gioconda, de Amilcare Ponchielli.
Como parte del conversatorio también se compartió un fragmento de una entrevista radiofónica en la que la propia Fanny Anitúa expresó: “Mi ambición no era llegar a ser artista, por ello reconozco sin ninguna vanidad ni pretensión que Dios me concedió más de lo que yo quería. El cantante debe externar sus sentimientos a través de la voz, de una voz bien educada; debe saber respirar como la primera vez que apareció en este mundo (…) El artista nace, no se hace”.


