- Conferencias magistrales en la UAM vincularon tecnología, territorio y justicia social
- Un proyecto de transición energética y una reflexión sobre el trabajo de cuidados mostraron cómo responder a desafíos ambientales y sociales
La transición energética con participación social y la visibilización del cuidado como sostén de la vida fueron las temáticas abordadas en las conferencias magistrales impartidas por la doctora Delia Patricia Couturier Bañuelos y el doctor José Antonio De los Reyes Heredia, ambos profesores investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En el marco del 5to. Foro para Repensar la Economía Social y Solidaria, coincidieron en una idea central: las alternativas económicas requieren colocar a las personas, los territorios y el ambiente por encima de la rentabilidad.
Desde sus áreas de conocimiento, los expertos expusieron prácticas, retos y rutas de acción para construir modelos con justicia social.
El también exrector de esta casa de estudios, De los Reyes Heredia, abordó el papel de la Economía Social y Solidaria en el cambio hacia energías sostenibles del entorno comunitario.
Su exposición partió del contexto nacional e internacional, con énfasis en la reducción de emisiones, la soberanía energética, el aprovechamiento de residuos y la creación de cadenas de valor rurales.
El académico de la Unidad Iztapalapa presentó el caso de Tanlajás, municipio de San Luis Potosí, donde una iniciativa con apoyo de la UAM, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y el entonces Conahcyt impulsó un centro ecotecnológico ligado a la de caña de azúcar y la producción del piloncillo.
En esa región, la mayoría de la población enfrenta pobreza y una parte vive en condiciones extremas. La falta de energía, agua e infraestructura limita la productividad, la salud y la calidad de vida de las familias dedicadas al campo.
La propuesta no partió de soluciones impuestas. El trabajo se apoyó en diagnósticos locales, acuerdos con productores, diálogo con autoridades ejidales y respeto por los saberes de la localidad tének.
Uno de los resultados fue la mejora de trapiches, procesos térmicos y sistemas de molienda. El proyecto incorporó fuentes solares, redujo desperdicios y abrió posibilidades para obtener fertilizantes, alimentos para animales, bioetanol y otros derivados de la caña.
La experiencia mostró que la tecnología genera confianza cuando responde a necesidades concretas. Productores y especialistas compartieron conocimientos para diseñar prototipos, elevar la calidad del piloncillo y buscar opciones frente al intermediarismo.
En tanto, la doctora Couturier Bañuelos, coordinadora de la RED IFESS UAM centró su ponencia en el cuidado como categoría política. Para la investigadora de la Unidad Xochimilco, alimentar, atender la enfermedad, acompañar la infancia, la vejez o el duelo constituye el soporte de toda actividad productiva.
Esa actividad recae, en gran medida, sobre las mujeres y permanece fuera del reconocimiento económico. La desigual distribución de estas tareas simboliza una injusticia asociada con género, clase y origen étnico.
Su análisis reunió tres cambios: entender el cuidado como derecho colectivo, reconocer la interdependencia como condición humana y asumir estas labores como un bien común, no como una obligación privada.
Desde esa perspectiva, este modelo económico ofrece bases para organizar redes comunitarias, cooperativas de servicios y esquemas de corresponsabilidad. Sus principios privilegian a las personas, la democracia, la solidaridad y la sostenibilidad de la vida.
La académica advirtió que estas organizaciones deben revisar su vida interna. Una cooperativa pierde coherencia cuando reproduce la división sexual de la labor, excluye a las mujeres de las decisiones o ignora los requerimientos de quienes cuidan.
Entre las actividades pendientes se ubicó la construcción de una teoría del cuidado vinculada con la economía política, la distribución equitativa de responsabilidades y la creación de marcos normativos que reconozcan, financien y protejan estas funciones.


