El Ágora

Opinión

¿México regresa a los sesentas?

Octavio Campos Ortiz

De repente tuve la sensación de experimentar un Dejá vu. Las movilizaciones y protestas de estudiantes y personal del sector salud me hicieron regresar a la sexta década de la centuria pasada, cuando los médicos, inicialmente del Hospital 20 de Noviembre, se manifestaron en 1964 por la falta de pagos y la demanda de mejores condiciones de trabajo. Aunque el problema se inició en la administración del presidente Adolfo López Materos, quien privilegió la construcción de infraestructura hospitalaria, clínicas y viviendas, sobre mejores salarios para personal sanitario, tocó al mandatario Gustavo Diaz Ordaz enfrentar el conflicto de los galenos que se extendió del ISSSTE -creado por el oriundo de Atizapán-, al IMSS y luego a todo el sector salud, lo que originó la creación de la Alianza de Médicos Mexicanos. A pesar de sus justas demandas, solo fue cumplido parcialmente el pliego petitorio, por lo que los granaderos reprimieron, en 1965, a los facultativos y desalojaron el Hospital de las calles de Félix Cuevas.

Sesenta años después, médicos y trabajadores del IMSS toman las calles para protestar no solo contra el irrisorio aumento salarial, la falta de pagos y contra su sindicato charro -que agrupa a casi 500 mil empleados-, sino por la falta de condiciones óptimas de trabajo, el desabasto de medicamentos e instrumental quirúrgico, las carencias en laboratorios y de aparatos para estudios especializados. Están hartos de que ellos tengan que poner sus herramientas de trabajo e incluso, auxiliar a los pacientes con soluciones o medicamentos. Como en el siglo pasado, las autoridades priorizaron otras necesidades, pero no como las satisfechas por López Mateos: clínicas, nosomios y unidades habitacionales; ahora, recortan el presupuesto de salud para usarlo en los programas clientelares con fines electoreros.

Como en el pasado, seguramente tampoco resolverán su pliego petitorio, se utilizará la fuerza pública para disuadirlo o se deslegitimará su causa al infiltrarles a los porros de la CNTE. Nuevamente se utilizó a los granaderos para liberar Reforma. Curioso, los gobiernos neoliberales y represores consintieron en 2006, casi un año, el bloqueo de la misma avenida, con pérdidas económicas y de empleo que quebraron a la CDMX.

En mi regreso al pasado, recordé las protestas estudiantiles del 68, también en el sexenio del poblano Diaz Ordaz, quien hizo oídos sordos a las demandas de los universitarios, su rechazo a la represión y la exigencia de más participación en la vida nacional. Quedó grabada en la conciencia colectiva el baño de sangre en Tlatelolco y la detención de centenas de alumnos, torturados y desaparecidos por la policía y los militares. Sin embargo, obtuvieron un triunfo con la apertura democrática. Los estudiantes sufren la violencia nuevamente, no necesariamente a cargo de un gobierno, pero si del crimen organizado, de sus propios compañeros, de las autoridades a través de los porros, de jóvenes esquizofrénicos, de la influencia del internet, de feminicidas o de parejas tóxicas.

Cada día son más recurrentes los ataques a pubertos en sus centros escolares, ante la apatía e indolencia de las autoridades educativas. Las protestas que realizan los alumnos encuentran la negativa a sus demandas y la utilización de porros para agredirlos o apanicarlos. Tampoco están conformes con la mala educación que reciben y exigen instalaciones, laboratorios y talles dignos y equipados. Todavía no es demasiado tarde para dar instrucción de calidad, seguridad y tranquilidad al futuro de México.

No debiera verse como algo lejano las protestas estudiantiles de Francia, las de vivienda en la España de Maricarmen Abascal o las sindicales de Bélgica. Si bien es cierto que aquí nuestra generación Z no va a prender una primavera árabe, bien puede despertar la primavera de Praga o el Mayo francés de 1968. Desatender las demandas sociales lleva siempre a la represión.

Apostilla: Para fortalecer el control sobre los recursos públicos, prevenir prácticas discrecionales y consolidar una gestión institucional basada en la ética de la responsabilidad, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) México puso en marcha un Sistema de Transparencia y Rendición de Cuentas. La iniciativa fue presentada por la doctora Gisela Zaremberg al asumir la dirección general (2026-2030) de este organismo internacional, autónomo e intergubernamental especializado en ciencias sociales.

Zaremberg explicó que el nuevo sistema establece facultades, reglas, responsabilidades, procedimientos y mecanismos de operación y supervisión para reducir riesgos de opacidad, discrecionalidad y concentración indebida de funciones. El modelo contempla medidas para prevenir conflictos de interés, desvío o pérdida de activos y mecanismos para detectar y disuadir incumplimientos. Sus objetivos: mejorar la eficiencia y transparencia en el ejercicio de los recursos, armonizar la normativa institucional en el marco nacional e internacional aplicable y establecer una mayor trazabilidad en los procesos de compras, contrataciones y adquisiciones. La propuesta también fortalece la supervisión de las áreas operativas, delimita responsabilidades y avanza hacia una rendición de cuentas integral.

Como parte de la nueva etapa institucional, la directora general informó del Departamento FLACSO Cooperación Técnica y Social para ampliar la vinculación de la institución con organismos públicos y sociales. El nuevo departamento desarrollará proyectos de formación profesional, investigación aplicada, evaluación y asesoría, con la intención de incrementar el impacto social de la institución y contribuir a la generación de recursos propios.

FLACSO México es un organismo internacional, aquí desde 1975, para desarrollar investigación, programas de posgrado, educación continua y proyectos de cooperación técnica, con énfasis en el análisis de los problemas públicos de México y América.

Se fue uno de los grandes del periodismo: Francisco Garfias. México pierde a una excelente pluma y mejor amigo. Descanse en paz.