Espiral del Silencio

Opinión

Sálvese quien pueda!

Urbano Barrera

La división, deslinde y enfrentamiento entre grupos fanáticos de Andrés Manuel López Obrador y los morenistas de ala dura, no son responsabilidad del gobierno de Estados Unidos, sino de sus  mañas, tropelías, conducta delictiva y lodazal en que han metido a México.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo intenta crear una ‘cortina de humo’ y culpa a Donald Trump, al director de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés), Terry Cole y muchos funcionarios más a quienes acusa de dividir al régimen de la 4T.

Insiste en no reconocer que el Movimiento de Regeneración Nacional esta ‘degenerado’ y podrido hasta la médula. Su mal gobierno, abrió la puerta a las agencias extranjeras.

El único que dividió a Morena fue el propio Andrés Manuel López Obrador debido a que le impuso a la presidente Sheinbaum personas de su confianza en donde se toman las decisiones políticas, económicas, electorales, legislativas, seguridad y acuerdos internacionales.

Los morenistas están dejando pasar tiempo muy valioso para purgarse, al exigir pruebas y pruebas. Nadan de muertito, sin deparar que los tiempos electorales se aproximan y las pruebas llegarán en momentos clave y ya no tendrán tiempo para defenderse o salvarse cuando el barco este a la deriva.

Es necesario reconocer que lo que mal comienza, mal termina. Andrés Manuel López Obrador y Morena siempre se han financiado con dinero de fuentes irregulares e ilícitas. Como estudiante pasaba por su mesada a las oficinas de gobierno en Tabasco, en donde ‘Doña Lupita’ lo atendía.

En esos ayeres llegaba de la mano de una joven originaria del centro occidente de la República con morral de cuero y huarache. Puntual como reloj estaba presente cada mes, en los periodos vacacionales y en fin de año para su aguinaldo, toda vez que era una orden del poeta Carlos Pellicer Cámara, que como senador de la República hacía y deshacía.

Como adolescente  e integrante de la Casa del Estudiante de Tabasco ubicada en la calle Violeta, colonia Guerrero, centro de la Ciudad de México, era un ‘gandaya’ y, según cuentan sus compañeros, les pasaba ‘Báscula’ y se sentía ‘El Javier’ (policía) de la estancia.

Ya instalado en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) por medio del chantaje y bloqueos obtenía dinero de todos lados. Manuel Camacho Solís y la doctora Alejandra Moreno Toscano, lo refaccionaban.

En el gobierno de la Ciudad de México se las aplicó a propios y extraños, el profe René Bejarano le llevaba ‘chelines’ de sectores inimaginables. Era tal su desfachatez que ‘blanqueba’ a servidores públicos, que no podía  negarse a cooperar, pues de lo contrario se quedaban sin trabajo. Muchos funcionarios también tenían el encargo de recolectar dinero en efectivo.

Como Presidente, le pasó la charola a los empresarios, banqueros, industriales, clase media y, por su puesto, a sus ‘amigos’ que ya no eran perseguidos por la policía y el Ejército, sino reprendidos por sus mamás y sus abuelitas.

Se normalizaron los videos donde se entregaban pacas de billetes y dólares en las oficinas de Carlos Ahumada, en los restaurantes de comida rápida como en el caso de su hermano Pío López, a eso no se le llamó operación con recursos de procedencia irregular, sino ‘aportaciones del pueblo bueno’.

Se llegó al descaro de hacer rifas de un avión presidencial que nadie se ganó, tandas millonarias, sorteos de terrenos de playa y multimillonarias subastas…

Se trataba de desviar la atención cuando en realidad ingresaba dinero a carretadas de la empresas fachada, de la extracción y tráfico de minerales, de ‘huachicol fiscal’ y de operaciones financieras exhibidas por el gobierno de Estados Unidos, concretamente:  Vector Casa de Bolsa, CIBanco e Intercam Banco.

El atascadero se prolongó hasta 2024 y la presidenta Claudia Sheinbaum entró al quite, sabía que muchas cosas estaban mal y que había que maquillarlas y enderezarlas, pero nunca imaginó el grado de porquerías a que se enfrentaban.

Ahora, llegó el momento del rompimiento, de pasar a la historia como estadista. El de tirar la toalla o el de ceder los trastes a su ex patrón o a gente de su confianza. Sólo que pruebas hay al por mayor y más vale actuar bien. Hay que recordar que, según la DEA, se tiene funcionarios de confianza y buenos amigos que quieren colaborar.

No es muy difícil recapitular que quien dividió al gobierno de Claudia Sheinbaum fue el propio López Obrador. La ató de manos y le dejó a 30 funcionarios en puestos clave y ella no puede decidir nada.

Solo le permitió nombrar a los titulares de Agricultura, Columbaa Jazmín López; a la Secretaria de Ciencia y Tecnología, Rosaura Ruiz Gutiérrez; Energía, Luz Elena González Escobar; Salud, David Kershenobich Stalnikowite; Trabajo, Marath Baruch Bolaños López; Turismo, Josefina Rodríguez Zamora y, en seguridad a Omar García Harfuch.

El resto son funcionarios y personajes de la completa simpatía de AMLO y que le reportan en directo, estos son: Adán Augusto López (Senado), Ricardo Monreal (Senado), Luisa María Alcalde (presidencia), Marcelo Ebrard (SE), Alicia Barcenas (Semarnat), Rosa Icela Rodríguez (Segob), María Luisa Albores (Segalmex), Javier May (Tabasco), Ariadna Montiel (Morena), Rocío Nahle (Veracruz), Graciela Márquez (INEGI), Raquel Buen Rostro (Buen Gobierno), Delfina Gómez (Edomex), Leticia Ramírez (Bienestar),  Octavio Romero (Infonavit), Bertha Alcalde (FGJCDMX), Zoé Robledo (IMSS), Martí Batres (ISSSTE), Antonio Martínez Dagnino (SAT), César Yáñez (Segob), Jesús Ramírez (Presidencia), Lázaro Cárdenas (Presidencia), Clara Brugada (CDMX), Hugo Aguilar (SCJN), Mario Delgado( SEP), Ernestina Godoy (FGR), Roberto Velasco (SRE), Arturo Reyes Sandoval (IPN) y hasta Victoria Rodríguez (BM).

Ante esta polarización dentro del gabinete no se puede esperar muchos en las decisiones de la Presidenta, debido a que no hay alcances en lo fundamental. Cuando se habla de dividir solo hay que mirar hacia adentro de Morena, solos se están despedazando.