- El envejecimiento poblacional obliga a repensar la distribución del cuidado
- Expertos alertan sobre la sobrecarga física, emocional y económica de quienes asisten
La atención de las personas adultas mayores se perfila como uno de los grandes desafíos colectivos del país. Durante el conversatorio Cuidar y administrar: el arte de sostener la vida que envejece, realizado en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Unidad Xochimilco, especialistas coincidieron en que esta labor no debe recaer solo en las familias, sino asumirse como una responsabilidad colectiva que requiere organización, conocimiento y políticas públicas.
El conversatorio formó parte del II Ciclo de Conferencias del área académica Estrategia y Gestión de las Organizaciones, impulsado por el Departamento de Administración, con el propósito de abrir el diálogo interdisciplinario sobre problemáticas sociales contemporáneas.
La maestra Karina Stephania Núñez Montoya, administradora Gerontológica enfocada en el avance de la edad saludable y gestión de asistencia, de la UAM Iztapalapa, explicó que la República Mexicana vive una transición demográfica marcada por la reducción de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida. Indicó que 12.8 por ciento de la población corresponde al sector de edad avanzada, proporción que seguirá en aumento en las próximas décadas.
“Un país comienza a considerarse con una población en edad avanzada cuando más del 20 por ciento de su población es adulta mayor. México aún se encuentra en este proceso, pero no estamos tan lejos de alcanzar ese escenario”, advirtió.
En su intervención, Núñez Montoya señaló que el apoyo cotidiano suele asociarse con una expresión natural de amor filial; sin embargo, en la práctica puede generar cargas físicas, emocionales y económicas para quienes asumen ese compromiso.
“La sobrecarga del cuidador ocurre en los casos en que se siente rebasado física, mental o en la economía por la obligación de asistir. En esos casos aparecen ansiedad, depresión, irritabilidad o sentimientos de culpa”, explicó.
La experta apuntó que esta situación se agrava cada vez que la atención recae en un solo allegado o se realiza sin preparación. Por ello, dijo, administrar las labores de atención implica planificar, organizar y compartir tareas, tal como ocurre en otros ámbitos.
Entre las estrategias para enfrentar este escenario propuso fortalecer redes de apoyo, capacitar y diseñar planes que incluyan seguimiento de la salud, planeación de labores cotidianas y coordinación entre integrantes del hogar, instituciones y profesionales médicos.
El conversatorio fue moderado por el doctor Ángel Wilhelm Vázquez García del Departamento de Producción Económica, quien destacó que esta tarea sigue como un trabajo poco visible dentro de la existencia pública, pese al desgaste físico y emocional que implica.
“Muchas veces se vive puertas adentro y no se habla de él. Hay estudiantes, trabajadores o académicos que antes de llegar a la universidad ya cumplieron con su jornada en casa”, señaló.
Subrayó que esta tarea ha recaído, en gran medida, en las mujeres, lo que reproduce desigualdades de género dentro de las dinámicas del grupo primario.
En la ronda de comentarios, asistentes presenciales y participantes en línea compartieron reflexiones sobre los desafíos comunitarios de esta condición. Algunas intervenciones apuntaron que el modelo cultural individualista ha debilitado las redes comunitarias, mientras otras destacaron la importancia de prepararse para la adultez mayor desde etapas tempranas del ciclo vital, así como reconocer el papel de geriatras y gerontólogos en el acompañamiento de esta fase.
El encuentro dejó una reflexión central, transitar hacia la adultez mayor no es un problema individual, sino un proceso de interés común que exige nuevas formas de articulación, solidaridad y acompañamiento colectivo.
Pensar la vejez desde el presente implica reconocer que sostener la vida que avanza al último momento requiere afecto, conocimiento, organización y una cultura capaz de proteger en todo instante.


