- La iniciativa reúne obras internacionales de arte sonoro que utilizan grabaciones, procesamiento digital y tecnologías inmersivas
- Ofrecer experiencias fuera de los formatos musicales convencionales
El Centro Cultural Casa Rafael Galván de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se transformó en un espacio de experimentación al albergar las Sesiones de Música Acusmática. Durante dos jornadas, el repertorio seleccionado dio vida a prácticas musicales que exploran nuevas posibilidades creativas mediante el uso de la tecnología.
Esta selección es parte del acervo resguardado en la Biblioteca de la Unidad Lerma, una colección de obras multicanal de la disquera canadiense empreintes DIGITALes, que reúne composiciones de músicos de diversas latitudes del mundo. Este material de consulta fue adquirido por el Departamento de Artes, dedicado al estudio de las artes sonoras.
El doctor Hugo Solís García, titular de este Centro Cultural, explicó en entrevista que la composición acusmática nació hace unos cien años vinculada al surgimiento de la electrónica y caracterizada por la ausencia visual del origen sonoro, en la actualidad este género cuenta con una amplia comunidad de compositores especializados en su creación.
Expuso que se pueden utilizar grabaciones de ruidos muy variados, desde el encendido de un auto, hasta niños jugando en un parque, es así como estos se empalman para crear estilos diferentes. “Con distintas técnicas se logran efectos digitales o manipulación de instrumentos acústicos, que procesados con la computadora suenan distinto, incluso se pueden producir sonidos que no existen en la naturaleza”, afirmó.
“Estamos acostumbrados a escuchar con dos bocinas, pero este tipo de música se produce en formatos multicanal ya sean cuadrafónicos, octafónicos o ambisónicos, donde la fuente sonora viene de bocinas que están repartidas en diferentes espacios”.
La sesión de este día se realizó en un salón con oscuridad total para que el espectador pudiera sentarse a escuchar, poner atención y realizar un viaje sonoro con la reproducción de las creaciones de Jonty Harrison y Natasha Barrett, sin músicos ni instrumentos ni una persona al frente con una computadora manipulando el audio, “son piezas sonoras que no tienen principio ni fin, puedes entrar y salir en el momento que quieras”.
Su visión a futuro proyecta que esta iniciativa evolucione a un ciclo continuo y cotidiano, puede ser a modo de jardín acústico, de acceso libre de horario o momentos específicos. El objetivo fundamental es ampliar el horizonte cultural de los participantes, permitiéndoles explorar diversidad de prácticas musicales más allá de las tradicionales o convencionales, adentrándose en nuevos universos auditivos.
Ante la amplia oferta cultural de la Ciudad de México, Solís García, sugiere “diversificarse y abordar realidades específicas sin miedo a los micro públicos, ¿qué pasa si hacemos un evento íntimo para dos personas y se les consiente de alguna manera?”, de esta manera resaltó que el esfuerzo del espectador por llegar al recinto merece ser premiado, esta capacidad de adaptación se presenta como una propuesta innovadora.
El también artista electrónico y profesor investigador de la Casa abierta al tiempo, considera que estas sesiones sirven de base para abrir futuros espacios, donde se darán a conocer los atractivos trabajos sonoros que realizan los alumnos de las distintas carreras y Unidades de la UAM.


