Estudio sobre bisexualidad y noviazgo revela tensiones entre identidad, afectos y normas

Cultura
  • Investigación de estudiantes de Psicología aborda estigmas y silencios que restringen la vida sentimental
  • Identifica disputas entre narrativas heteronormativos y nuevas formas de construir relaciones

Estudiantes de la Licenciatura en Psicología de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) presentaron un análisis acerca de cómo una participante bisexual construye su experiencia amorosa ante discursos heteronormativos, durante el Coloquio de Investigación Modular “Sujeto y cultura”.

La propuesta, titulada Romper el molde sin romper el vínculo, examina el peso de las ideas simbólicas en la conformación del sentido de sí y en la madera de establecer conexiones íntimas.

El grupo estuvo integrado por Karla Julieta Bolaños Cervantes, Leslie Berenice Durán Valentín, Itzel Nolasco Martínez, Miguel Ángel Rojas Miranda y Nicolás Sebastián Velázquez Zambrano. Contó con la asesoría de los doctores José Octavio Hernández Sancén y Diana Minerva Espejel Alejandro, docentes de la División de Ciencias Sociales y Humanidades.

De acuerdo con la revisión expuesta, esta identidad sexual ocupa una zona poco atendida en los ámbitos académico y cultural. A ella se asocian prejuicios como la indecisión, la promiscuidad o una etapa transitoria, los cuales dificultan su reconocimiento y limitan el modo de vivir o comunicar las emociones.

Con un enfoque cualitativo e interpretativo, el alumnado recurrió a una entrevista a profundidad para privilegiar la voz de la colaboradora. Su interés fue conocer lo que ella expresa sobre sí misma, no solo aquello que se formula desde fuera.

Los hallazgos ubican el noviazgo como un ámbito regido por pautas arraigadas. El llamado pensamiento heterosexual define como natural la unión entre hombre y mujer; además, fija expectativas en torno al cariño, la fidelidad y los papeles de género.

La colaboradora relató que, desde la infancia, recibió estos códigos a través de mensajes mediáticos: el “príncipe azul”, la protección masculina y la idea de una pareja ideal bajo esquemas convencionales. Al reconocer sus deseos, comenzó a cuestionar tales referentes.

A partir de ese testimonio, el proyecto propone la noción de negociación de la identidad. En vez de una ruptura absoluta, ella ajusta su conducta para habitar un marco que no acoge la diversidad sexual. El estudio denomina esta respuesta resistencia estratégica.

“No porque te gusten ambos géneros significa que vayas a ser infiel; eso depende de la ética y la moral de una persona”, expresó.

El silencio surgió como recurso de protección. En sus vínculos con hombres, la joven evita nombrar su bisexualidad por temor al juicio o a los estereotipos. La confianza, según el trabajo, no depende de rasgos individuales, pues está sujeta a condiciones sociales que favorecen o restringen la expresión.

En la discusión, el alumnado abordó el concepto de molde, referido a las categorías que ordenan la convivencia social desde el nacimiento, entre las que se encuentran el género, la orientación y las expectativas afectivas. Aunque estos referentes se aprenden desde edades tempranas, pueden transformarse.

Romperlos, señalaron, no supone destruirlos, sino reinterpretarlos. El equipo advirtió una paradoja, expresar es necesario para existir, pero esa acción puede encasillar.

Desde esta perspectiva, el conflicto no reside en a quién se ama, sino en narrativas que limitan la posibilidad de imaginar relaciones fuera de la lógica binaria. No es que falten otras maneras de relacionarse, apuntaron, sino que carecen de un lugar legítimo dentro de la cultura.

Al valorar los alcances del coloquio, los expositores sostuvieron que transformar los moldes no exige eliminar los lazos. El reto radica en crearlos desde esquemas abiertos a la pluralidad, donde cambiar no signifique dejar de amar, sino aprender otras maneras de hacerlo.