Debutando en la Berlinale en 2017 con su largometraje Die Tochter (Dark Blue Girl), la directora alemana Mascha Schilinski destaca las relaciones familiares en sus tramas, que son a la vez misteriosas y poéticas. Este año, por primera vez, forma parte de la Sección Oficial junto a Sound of Falling, compitiendo por la Palma de Oro.
Entre sus tres cortometrajes producidos entre 2012 y 2015 (Wir müssen los, Das Gefühl y Die Katz), el primero exploraba la relación entre una madre y su hijo, mientras que el último, The Cat, presentaba la conflictiva relación entre una adolescente y su madre, afectadas por la partida del padre. En 2017, Die Tochter (Dark Blue Girl) contaba la historia de Jimmy y Hannah, una pareja, separada desde hace dos años, que intentó reavivar la llama, pero se enfrentó a la feroz oposición de su hija de siete años, que está ansiosa por seguir siendo el centro de afecto.
La familia y sus peculiaridades impregnan implícitamente la joven carrera del guionista y director, que rodó Sound of Falling junto a Louise Peter. Esta película dramática e histórica es una ambiciosa saga que abarca un siglo y que sigue el destino de cuatro niñas que viven en una granja, en diferentes épocas, cuya existencia parece estar misteriosamente conectada. El tiempo se estira en la búsqueda de sentido y memoria, retratada a través de un guión sensorial y poético que se ha convertido en el sello distintivo del cineasta.
La juventud, sus misterios y sus contradicciones, parecen inspirar la imaginación de Mascha Schilinski, quien se crió en un mundo artístico desde la infancia, con una madre que era cineasta. Cuando se convirtió en una adulta joven, vivió la vida de una animadora, siguiendo un circo itinerante por Europa, donde mostró su talento como maga y bailarina de fuego.
FUENTE: FESTIVAL DE CANNES

