Soraya Salas, científica mexicana en Corea

Cultura
  • La profesora asociada en la Universidad de Hanyang construyó una sólida carrera desde los laboratorios de la Unidad Iztapalapa

Cuando llegó a Corea del Sur en 2021, la doctora Elsy Soraya Salas Silva pasó dos semanas en aislamiento en un hotel de cuarentena. Acababa de dejar a su familia y amigos en México para iniciar una estancia posdoctoral en un país del que conocía muy poco. “No sabía qué iba a hacer allá”, recuerda sobre aquella etapa marcada por la pandemia de COVID-19.

Nacida en la Ciudad de México y criada en Ecatepec, Estado de México, la hoy profesora asociada en la Universidad de Hanyang, en Seúl, descubrió su vocación por la ciencia desde el bachillerato. Las clases de Biología Humana le despertaron una curiosidad que todavía no tenía una ruta clara, aunque sí una certeza: no quería estudiar medicina, pero sabía que su futuro estaba  en los laboratorios.

Ese interés la llevó a ingresar a la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), primero en la licenciatura en Biología y después en Biología Experimental, donde descubrió el trabajo científico desde la investigación aplicada. Ahí comenzó su formación en el estudio de enfermedades hepáticas y daño celular, línea que marcaría el resto de su camino profesional.

En su etapa como universitaria trabajó en proyectos relacionados con la sobrecarga de colesterol en el hígado y los efectos del estrés oxidante. Más tarde, en la maestría y el doctorado, concentró su investigación en la colestasis, enfermedad que interrumpe el flujo normal de la bilis y provoca daños severos en distintos órganos. Su trabajo buscó analizar cómo el factor de crecimiento de hepatocitos (HGF, por sus siglas en inglés) ayudaba a prevenir el deterioro hepático.

En 2017 recibió el Premio Antonio Ariza Cañadilla, reconocimiento que recuerda como un momento decisivo en su desarrollo profesional. “Fue un recordatorio a mí misma de que soy capaz de hacer muchas cosas”, afirma.

La crisis sanitaria atravesó una etapa crucial de su carrera. Terminó el doctorado en 2020 y presentó su examen de grado por videollamada frente a un sínodo internacional. Entre sus evaluadores estuvo el doctor Dong-ho Choi, académico coreano que tiempo atrás había viajado a México para participar en su examen predoctoral. Poco después llegó una invitación que cambiaría su rumbo: incorporarse a un espacio de investigación en Corea del Sur para realizar un posdoctorado.

El traslado no resultó sencillo. Además del aislamiento sanitario, enfrentó un entorno distinto en idioma, clima, alimentación y dinámicas sociales. Sin embargo, decidió permanecer. “No todo lo que he trabajado por 10 años es para dejarlo tan fácil”, rememora.

Al término de su posdoctorado volvió a México con la intención de establecerse de nuevo aquí, aunque las oportunidades laborales no llegaron como esperaba. Bajo esas circunstancias volvió a contactar al doctor Dong-ho Choi, quien le abrió otra vez las puertas de Corea. Esta vez se reincorporó como profesora asociada.

Desde agosto de 2024 trabaja en Seúl guiando a estudiantes de maestría y doctorado dentro de las instalaciones. Corea, asegura, transformó su vida fuera de las aulas y la investigación.

La experiencia la obligó a desarrollar una disciplina más estricta y una visión de largo plazo. “Ellos no dejan para mañana lo que pueden hacer hoy”, comenta sobre una de las enseñanzas que más la marcaron en su estancia en el país asiático.

En retrospectiva, la doctora Soraya Salas resume buena parte de su trayectoria en la universidad que la formó. “La UAM significa la base de todo”, asevera. “Lo que he hecho y a donde he llegado es gracias a la Casa abierta al tiempo”.