Rubén Moreira Valdez
Bonita forma de ofender a los paisanos y dar pretexto a los americanos para presionar a los mexicanos que viven en aquel país. Salir de la tierra de nacimiento no es fácil y estoy seguro de que eso se realiza por una profunda necesidad. Más cuando esa migración puede ser para siempre.
El pasado martes se votó en Cámara de Diputados una iniciativa de la presidenta de México para disminuir derechos a los mexicanos que tienen doble nacionalidad y a sus hijas e hijos. Con el injusto pretexto de que pueden traicionar a la patria, se les impusieron condiciones para ser candidatos a los cargos de presidente o gobernador. Los que antes aplaudían la frase de “prohibido prohibir”, ahora se enfundan en retóricas fundamentalistas para inhibir la participación política de millones de mexicanos que se encuentran en esa condición jurídica.
En tiempos del presidente Zedillo se legisló sobre la materia y la razón fue elemental: los mexicanos en Estados Unidos, nacidos acá o allá, no tomaban una segunda nacionalidad por no querer perder la original. Eso los ponía en condiciones difíciles, pues no accedían a los beneficios de su tierra de acogida y tampoco, en ella, podían defender con éxito muchos de sus derechos. El neoliberal Zedillo se comportó como un buen estadista y aplicado socialdemócrata. Unos años después, en el sexenio del “derechista” Vicente Fox, con el voto del PRI, se consolidó el sufragio de los mexicanos en el extranjero. Quién iba a pensar que la regresión se daría con los que se presumen de izquierda.
Sin consulta pública o parlamento abierto, los de Morena y sus aliados del momento votaron sin leer el documento que les ordenaron aprobar y después aplaudieron como focas. Eso no es raro. Incluso, en días pasados, dentro de una reunión de trabajo con la consejera jurídica de la Presidencia, Elena Segura, diputada por la Ciudad de México, se quejó de tener que aprobar leyes con errores y difíciles de sostener frente a los argumentos de la oposición. El caso concreto es una muestra más de la abyección.
En el mundo corren los vientos de la exclusión y el odio contra lo diferente. Me queda claro que no se puede esperar mucho de Morena; el discurso que lo llevó al poder tiene serias diferencias con lo que hace en la realidad. Incluso es fácil distinguir narrativas simultáneas que se contradicen. Hace unos pocos años, el famoso líder comunista francés Mélenchon visitó a López Obrador y se dijeron cosas lindas. Sin embargo, poco caso le hicieron al galo, que es conocido por su férrea defensa de los migrantes que llegan desde África a su patria
Hay algo más para condenar la retrógrada postura de Morena: en el país del norte hay una evidente política para restringir la migración y acotar derechos a los mexicanos. Mientras eso sucede, los seguidores de López Obrador quitan recursos al sistema de defensa consular y eliminan presupuesto en favor de los migrantes y, para rematar, ahora piensan tratarlos como mexicanos de segunda. Si así les va con su gobierno, ¿qué esperamos del otro?


