Participación del senador Waldo Fernández González a favor de los tres dictámenes en relación con la miscelánea fiscal para el año 2026

Política

Una miscelánea fiscal fuerte, progresiva y actualizada es indispensable para sostener un Estado moderno, justo, pero sobre todo funcional, porque la justicia también se expresa en la forma en que el Estado recauda y ejerce estos recursos. Un sistema fiscal sólido garantiza que el esfuerzo ciudadano se convierta en bienes públicos; que la contribución no sea castigo, sino participación en una sociedad moderna, y que el Estado actúe con equidad, eficiencia y verdad.
Durante demasiado tiempo, nuestro marco fiscal permaneció obsoleto: normas desactualizadas y procedimientos anacrónicos que ya no responden a las realidades tecnológicas ni a las demandas sociales de nuestra nación.

Por eso, la miscelánea fiscal 2026 es una reafirmación ética: la de un México que no tolera la simulación, pero sobre todo, que no tolera la desigualdad; que entiende que la justicia fiscal también es justicia social y que asume la recaudación y el gasto como un pacto moral entre ciudadanía y Estado.

La reforma al Código Fiscal de la Federación es, ante todo, un acto de limpieza moral. Busca reconstruir la confianza entre el ciudadano que cumple y el Estado que administra, cerrando el paso a la evasión y al fraude que durante años disfrazaron la trampa de ingenio y la corrupción como habilidad.

Hoy México requiere una hacienda pública fuerte, pero que sea justa; una hacienda pública que no permita la distorsión de mercados a través de la evasión fiscal, que nos haga perder competitividad y empleo, y que premie la trampa. Hoy se logra con este paquete fiscal.

Entre 2014 y 2016 se detectaron miles de empresas fantasma que simularon operaciones por más de dos billones de pesos, y sólo en lo que va de este 2025 se ha identificado un quebranto al fisco por más de cinco mil 600 millones de pesos, derivado de estos mismos esquemas. Recursos que debieron ser hospitales, escuelas, carreteras, becas, más seguridad y más educación, se esfumó, robándole al país no sólo sus recursos, sino también su esperanza.

Esta reforma dota al Estado de herramientas modernas para actuar con inteligencia, tecnología, proporcionalidad, evitando que los mismos de siempre se burlen de la Ley. Y al mismo tiempo, protege al ciudadano honesto, al comerciante que trabaja, al profesionista que cumple a ese México silencioso que es el que sostiene a este país con su esfuerzo.

Vivimos en una era digital, y nuestras leyes ya no pueden seguir escritas con tinta vieja. Hoy la fiscalización se transforma en transparencia, modernización y confianza inteligente. No se trata de endurecer el sistema, sino de hacerlo más justo, más claro y más humano, porque cada peso recaudado debe tener un destino visible y transparente. ¿Y la ley? La ley no debe ser una amenaza, sino un pacto; no castigo, sino compromiso.

La actualización de la Ley Federal de Derechos responde al mismo principio. No se trata de cobrar más, sino de cobrar con sentido. Cada derecho pagado por un pasaporte, una licencia, un registro sanitario o una residencia sostiene la maquinaria pública que garantiza orden, seguridad, salud y cultura.

Durante más de una década, numerosas cuotas permanecieron inmóviles, mientras los costos simple y sencillamente crecieron. Esta reforma no crea nuevos impuestos ni amplía la carga fiscal: moderniza y actualiza las cuotas para reflejar el costo real de los servicios públicos federales. Cada ajuste tiene una intención clara: hacer del cobro un instrumento de equidad y del gasto un ejercicio de responsabilidad.

Finalmente, el nuevo diseño del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios no busca castigar, sino poner equilibrio entre la indiferencia que ha generado daño. Los impuestos sobre productos nocivos funcionan porque esos bienes son inelásticos: su demanda apenas disminuye cuando aumenta el precio.

El nuevo IEPS refleja las transformaciones del consumo en la economía digital, amplía la base fiscal y fortalece la capacidad del Estado para responder. México no necesita un Estado que cobre más, sino uno que cobre con justicia, con tecnología y con verdad y el día de hoy lo estamos haciendo.

Es cuanto, presidenta.