- Estudiantes conocieron proyectos, redes de apoyo y retos del trabajo transdisciplinario
El VI Encuentro Itinerante de Alumnas y Alumnos del Doctorado en Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) dio la bienvenida a las generaciones 56 y 57 del posgrado yreunió a estudiantes y autoridades de las Unidades Cuajimalpa, Iztapalapa, Lerma y Xochimilco.
Aprobado en 1994, el programa cuenta con más de 80 docentes en su núcleo básico, además de personal académico y externo, y ha formado a cerca de 600 personas egresadas, informó la doctora Ana María Rosales Torres, coordinadora del doctorado.
En la actualidad, su población activa está integrada por 140 estudiantes, quienes desarrollan propuestas de investigación vinculados a los siguientes ejes temáticos: biología de la reproducción, biología y ecología de organismos y ecosistemas, fisiología y patología médica y veterinaria, entre otros.
Rosales Torres, profesora investigadora de la Unidad Xochimilco, explicó que el encuentro surgió con el propósito de acercar a integrantes de las cuatro Unidades Universitarias y favorecer vínculos entre sus estudios. Esta dinámica facilita el intercambio de técnicas, reactivos, preguntas y experiencias, sin recurrir al formato convencional de un congreso.
La doctora Irma Gabriela Anaya Saavedra, secretaria de la Unidad Xochimilco, impartió la conferencia magistral: Retos y aportes en la formación doctoral transdisciplinaria, en la que relató su tránsito de la odontología hacia la patología bucal y la biología molecular.
Su trayectoria mostró que una preparación inicial en otra área puede enriquecer el trabajo científico. El cambio entre disciplinas le exigió aprender lenguajes, métodos y enfoques que le permitieron formular preguntas desde otros ángulos y construir respuestas junto con equipos de perfiles diversos.
Anaya Saavedra, egresada del programa e integrante de su núcleo académico, externó que la disciplina y la tolerancia a la incertidumbre son componentes del aprendizaje doctoral. La falta de resultados, los experimentos fallidos y los cambios de rumbo también forman parte del proceso, ante el cual la persistencia y el acompañamiento del comité tutoral resultan decisivos.
El síndrome del impostor, la presión por los plazos y el equilibrio entre la vida académica y personal ocuparon otro tramo de la exposición. La especialista invitó a reconocer el error como una oportunidad de aprendizaje, cuidar la salud física y emocional, y construir una relación basada en la comunicación con la directora o director de tesis.
La ética y la integridad, agregó, constituyen principios irrenunciables. La actividad científica requiere rigor, responsabilidad, respeto por los datos y conciencia sobre el impacto social de cada iniciativa, desde la elección del problema hasta la difusión de los hallazgos.
El programa incluyó una charla del doctor Jorge Ignacio Servín Martínez respecto al estudio en ecología y conservación, con énfasis en el proyecto de largo plazo acerca del lobo en México.
Durante la sesión de carteles, mostró la amplitud temática del posgrado. Un estudio referente a las áreas verdes de Chalco detectó una distribución desigual, baja conectividad y menor acceso en zonas con rezago social. Otro trabajo examinó la temperatura, salinidad y nutrientes en los arrecifes de Cozumel, donde se identificaron variaciones asociadas al huracán Beryl.
En el campo de la salud, una propuesta evaluó una dieta baja en grasas saturadas y el uso de suplementos antioxidantes para reducir ceramidas en adolescentes con obesidad y enfermedad hepática.
La muestra incorporó una indagación de comunidades microbianas en tecnosuelos elaborados con residuos mineros. El trabajo busca recuperar funciones del suelo, favorecer la revegetación y valorar materiales que puedan utilizarse en la restauración de paisajes afectados por la actividad extractiva.


