Este es el grito que hoy escucharemos en muchos de nuestros pueblos, políticos saldrán a gritarlo, mexicanos lo corearán en cada rincón de México y sin duda los católicos nos uniremos para exclamar desde el corazón ¡Qué viva México!
Pero para nosotros, esta exclamación no es un grito de fiesta, sino una profunda plegaria a Dios y a nuestra Madre Santísima de Guadalupe:
¡Qué viva México en nuestros niños! Qué se respete su vida desde la concepción; que se les ofrezcan condiciones dignas de desarrollo; que no ensombrezca su inocencia con ideologías que confunden su corazón.
¡Qué viva México en nuestros jóvenes! Que se les ofrezcan oportunidades para desarrollar sus sueños con equidad y justicia; que se les rescate de las garras de la droga y la violencia; qué México brille por el ingenio, la valentía y el coraje de sus jóvenes.
¡Qué viva México en sus mujeres! Que sepamos brindarles espacios seguros, de respeto y equidad; que se valore su dignidad, sus dones y posibilidades; que se respete su maternidad y su insustituible capacidad de educar a nuestros hijos; que se le ofrezcan oportunidades de desarrollo y superación.
¡Qué viva México en las familias! Que cada familia descubra su vocación a ser escuela de vida, de respeto y amor; que las familias vivan libres de violencia y se conviertan en promotoras de la paz.
¡Qué viva México! Es una oración que brota del corazón al ver a nuestro México herido, desangrado por la violencia, confundido por las ideologías y amenazado en sus instituciones.
Hoy elevamos nuestra mirada a Dios y le suplicamos: Señor, ¡Qué viva México! ¡Que vivan los corazones de todos los mexicanos! ¡Qué viva la libertad, el diálogo, el respeto, y la paz!
¡Qué viva la Virgen de Guadalupe! ¡Qué viva México!

