Juan Perros y la dignidad de los desechado, origen de una mirada crítica

Cultura
  • Lo que se desecha revela nuestra forma de vida, las desigualdades y aquello que preferimos no mirar
  • El documental propone modos de habitar el mundo basados en el cuidado, la resistencia y una ética profunda fuera de la norma dominante

La Casa de la Primera Imprenta de América de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) fue sede de una función especial del documental Juan Perros, dirigido por Rodrigo Ímaz. La exhibición de este cortometraje de 35 minutos, que a casi una década de su estreno conserva su fuerza poética y política, se realizó en el marco de la exposición Latas de Palestina, del mismo autor, instalada en la Galería Gerónima Gutiérrez.

La articulación entre ambas propuestas abrió un espacio de análisis sobre la marginalidad y las formas alternativas de habitar el mundo; evidenció la coherencia de una obra que ha convertido los desechos en archivo social y herramienta crítica para leer el mundo, mediante un puente entre cine, arte contemporáneo y pensamiento académico.

Durante la presentación, el director explicó que el cortometraje surge de una experiencia prolongada en el desierto de Cuatro Ciénegas, Coahuila, donde participó en un proyecto de educación ambiental. En ese contexto conoció a Juan, un hombre que vive y trabaja entre los residuos, clasifica la basura, cuida animales y sostiene una filosofía de vida apartada de la lógica urbana.

El realizador señaló que ese encuentro fue decisivo. Su interés por la basura, el reúso y el reciclaje no nació como una estrategia estética, lo hizo como una exigencia ética. No resultaba coherente hablar de conciencia ambiental, mientras se utilizaban materiales nuevos y se generan más desechos. De esa tensión surgió la búsqueda del basurero y, con ella, el hallazgo de una forma de vida que transformó su práctica artística.

Juan Perros no es un retrato convencional. Ímaz insistió, en la conversación posterior a la proyección, que nunca pensó a Juan como un “personaje”, sino como un amigo y un maestro. La relación se construyó a lo largo del tiempo, a partir de la convivencia diaria, el trabajo compartido y el respeto mutuo. Esa cercanía se traduce en la pantalla en una mirada empática, sin exotización ni condescendencia, donde la cámara acompaña más que observa.

Más allá de su valor cinematográfico, el filme posee una dimensión antropológica en la que se observa cómo un individuo se adapta a un entorno inhóspito y construye una comunidad humana y animal desde los márgenes. La basura, lejos de ser un material sin valor, se convierte en sustento, memoria y lenguaje.

Esa metodología de lectura del desecho fue trasladada por Ímaz, años después, a otro territorio. En Latas de Palestina, el artista analiza estos objetos de aluminio recolectados en la frontera entre territorios palestinos e israelíes, documenta cómo incluso los materiales reciclables se encuentran atravesados por relaciones de poder, legalidad e ilegalidad. El gesto conecta con lo aprendido junto a Juan; observar la basura como un mapa social y político.

El documental fue estrenado en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde obtuvo el premio a Mejor Cortometraje Documental en 2016, y se proyectó en diversos festivales internacionales. Su duración responde a una decisión ética. El director explicó que ciertas revelaciones sobre la violencia sufrida por Juan fueron retiradas del montaje final para proteger su vida, en un contexto regional marcado por la presencia del crimen organizado.

La proyección en la Casa de la Primera Imprenta de América tuvo también un carácter de devolución simbólica. Como relató el director, una de las etapas más significativas del proyecto consistió en mostrar el documental en la propia comunidad de Juan, lo que permitió el reconocimiento de su voz y su forma de vida.

Al cierre del encuentro, el doctor Antonio Zirión Pérez, titular de la Casa de la Primera Imprenta de América, subrayó el sentido de esta presentación. Señaló que el documental invita a dirigir la mirada hacia aquello que suele quedar fuera del campo de atención, los márgenes, los desechos y las vidas que no encajan en los relatos dominantes.

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