- Podredumbre en la UNAM
Urbano Barrera
El proceso de selección en línea de aspirantes a ocupar un lugar en las licenciaturas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha destapado la cloaca que se vive entre las autoridades de la Máxima Casa de Estudios del país.
Lejos de asumir la responsabilidad de un proceso lleno de irregularidades, corrupción y criminalización de la juventud, la Rectoría de la Universidad de la Nación se enreda en comisiones técnicas, exámenes de control y ceses de funcionarias, cuando lo que está en juego es un esquema caduco, inequitativo y anacrónico que sólo ha elitizado la educación media superior y superior en el país.
Desde las reformas al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la última década del siglo XX, la orientación de la UNAM se condujo por una senda que buscaba la exclusión de los sectores más pobres de un proyecto de privatización y aristocratización de la educación media superior.
Un proyecto que había surgido de los movimientos sociales y estudiantiles de los años 60, se consumía en favor de la ideología tecnócrata neoliberal.
Esa misma posición ideológica llevó a la Universidad más grande de Latinoamérica a la huelga de 1999-2000, conducida por estudiantes organizados en el Consejo General de Huelga, quienes no sólo frenaron un cobro ilegal e ilegitimo de cuotas impulsado por el rector, Francisco Barnés de Castro, y su séquito de la Junta de Gobierno y el Consejo Universitario.
En ese tiempo, se exponían los vicios de una anquilosada organización y gobierno universitarios, así como la corrupción creciente entre la “casta dorada”.
Ahora, nuevamente, se expone a la Universidad Nacional como una institución llena de oscuridad en sus manejos, auspiciada por una idea mal comprendida y ejecutada de autonomía constitucional. Pareciera que la UNAM se ha convertido en un Estado independiente, donde el Rector elige a la Junta de gobierno y ésta al Rector, en una actitud antidemocrática y cínica.
Lo ocurrido con el proceso de selección de aspirantes a nivel licenciatura de la UNAM, este 2026, dejó revela varias situaciones preocupantes:
1) La corrupción que se vive entre los directores de escuelas, facultades y la propia Rectoría.
2) La forma en que se dispone de recursos públicos de manera oculta para pagar empresas, como Territorium Life, que la propia universidad debería desarrollar con sus investigadores en los costosos institutos de investigación.
3) Las decisiones unilaterales de unos cuantos en detrimento de la mayoría de estudiantes y docentes.
4) La falta de respuesta responsable por parte del rector, Leonardo Lomelí Vanegas, quien prefirió usar como chivo expiatorio a Patricia Dávila (quien ya tenía cuentas pendientes en su gestión en la FES Iztacala) antes que responder por la podredumbre que dirige.
5) Criminalizar a los jóvenes, mencionando que son unos tramposos y sometiéndolos a realizar un nuevo examen, cuando el problema es un proceso de selección absurdo en una prueba que sólo premiaba a quienes podían pagar un curso de preparación o contar con mayores recursos económicos, culturales y sociales.
Ferias del libro, como la organizada por la Facultad de Medicina, deja millones de pesos a las autoridades sin que estos recursos beneficien a la comunidad universitaria.
Por el contrario, en la facultad dirigida por Ana Carolina Sepúlveda Vildósola, existen una serie de cobros por servicios y trámites que dejan duda sobre su legalidad.
Lo mismo ocurre en otras facultades donde todos “se hacen de la vista gorda”. En la UNAM, trabajadores y estudiantes son sancionados, expulsados o despedidos de manera injustificada, pero las autoridades pueden mentir, ocultar o usar recursos económicos, materiales y plazas para familiares y amigos sin ninguna consecuencia administrativa y jurídica.
Por ejemplo, ¿basta con la “renuncia de Patria Dávila?, ¿se le sancionará en el tribunal universitario o de manera civil o penal (en caso de probarle alguna mala práctica o delito) por lo ocurrido con el examen de selección?, ¿se le dejará ir a ocupar su plaza en la FES Iztacala como si nada hubiera ocurrido cuando ha puesto en entredicho a la Universidad y lesionado la dignidad e integridad de los jóvenes aspirantes?
Es necesario que la Universidad Nacional Autónoma de México comience con un proceso de transformación profunda, no el insulso e insultante cambio que había mencionado el rector, Lomelí Vanegas, hace unos meses, que ahora le explota en las manos.
Las modificaciones deben ir a las raíces de la UNAM: democratización del gobierno universitario; mayor participación de la comunidad universitaria en la toma de decisiones en las escuelas y facultades; evitar el nepotismo y los compadrazgos y que las facultades se conviertan en los centros de retiro y espacios para segundas pensiones de amigos y familiares (como ocurre en la Facultad de Medicina); creación de instancias autónomas de fiscalización del uso de recursos públicos; procesos de selección que no recaigan en un solo examen y que favorezca a los sectores sociales que más lo necesiten.
La Universidad debe regresar a su compromiso histórico, que es garantizar el derecho humano a la educación media superior, superior y de posgrado, sobre todo a los hijos de la clase trabajadora, así como desarrollar la investigación (y no pagar a empresas privadas por una actividad sustantiva de la institución) y comprometerse con el acceso a la cultura para toda la población.
Hoy, el Dr. Leonardo Lomelí, y todas las autoridades universitarias dejan muy en claro la podredumbre que se vive en la estructura, organización y funcionamiento de la Máxima Casa de Estudios, comprometiendo a la propia universidad y el papel que ha desempeñado en la sociedad mexicana y latinoamericana.
En unos días, se darán a conocer los resultados de los aspirantes del proceso de selección para la Escuela Nacional Preparatoria y el Colegio de Ciencias y Humanidades, ¿se tendrá el mismo problema?, ¿fue Territorium Life quien llevó a cabo la seguridad informática del proceso?, ¿se tendrán los mismos problemas?, ¿la corrupción en la UNAM hará que adolescentes y jóvenes tengan que repetir un examen?
Ojalá, el Poder Legislativo analice, verdaderamente, lo que ha ocurrido y tome cartas en el asunto, antes de que las autoridades se conviertan en el verdugo de la Universidad que ha sido el legado de movimientos estudiantiles como el de 1929, 1968, 1986, 1999-2000.


