Brugada: ‘Quiere volar…’
Urbano Barrera
El caos, desorden y vandalismo registrado en la Ciudad de México durante los cinco encuentros de futbol de la Selección Mexicana evidenció la crisis en el modelo de seguridad.
Hoy, es más que patente, la existencia de un esquema reactivo y no preventivo. Que las multitudes se desbordaron y que salió barato solo cuatro personas fallecidas. (“Saldo blanco para Clara Brugada”).
Desde el primer encuentro con la Selección de Sudáfrica se sufrió la ausencia autoridad y seguridad.
La policía capitalina se dedicó solo a realizar cortes a la circulación y en el Zócalo capitalino, en la Plaza de la República y Paseo de la Reforma corrió de todo.
Se vendió cerveza al por mayor, vino adulterado y drogas de todo tipo. La delincuencia aprovechó para hacer de las suyas, robar autopartes, meterse a los domicilios y apoderarse de cámaras, celulares, bicicletas, motocicletas y todo lo que encontraran a su paso.
El personal infiltrado registró las violaciones a la ciudadanía, los ‘servidores de la nación’ se concretaron a montar cordones humanos para supuestos casos graves.
Solo que no quisieron ver nada, en Paseo de la Reforma, se agredió a ciudadanos nacionales y extranjeros, se constataron riñas entre jóvenes.
En todos lados había ensangrentados, personas molidas a golpes y robados, despojados de sus pertenencias, pero los policías enmudeció. “Callaron como Momias”, dijera el clásico Tabasqueño.
Para el segundo partido con la Selección de Corea, el vandalismo se multiplicó y la autoridad quedó más en vergüenza.
Los trasgresores de la ley se dieron el lujo de estacionarse sobre vías rápidas como Circuito Interior hasta en doble fila y en batería en carriles centrales. Por las borracheras hubo carros abandonados en plenos carriles de alta velocidad hasta entrada la mañana.
Para el tercer y cuarto partido, se intentó corregir, se instalaron pantallas casi a cada cien metros en Paseo de la Reforma, la intención romper la concentración en la columna a la Independencia, pero la estrategia no funcionó.
Cada pantalla se convirtió en bar y se bebió sin recato a la ley. Las borracheras se levantaron hasta las 7 u 8 de la mañana del día siguiente. Los ebrios agredieron e insultaron a la policía y nadie podía decir nada.
El Paseo de la Reforma, las principales calles y avenidas del Centro de la Ciudad se convirtieron en baños colectivos, por todas las calles había heces y olores fétidos a orina. Fue necesario lavar las calles con jabón y cloro. Se trató de un espectáculo bochornoso.
Para el encuentro con Inglaterra las situación fue aún más caótica y se vendió todo tipo de bebidas, drogas y solventes.
De estacionamientos, camionetas y carros salían y salían latas y botellas, la autoridad siguió sin actuar y la imagen de México destrozada ante el mundo.
Sobre Paseo de la Reforma se clausuró decenas de negocios, establecimientos comerciales y estacionamientos.
Pero a la ola de arbitrariedades y violaciones a la ley se sumaron más y de la propia autoridad.
Se violaron los sellos de “Suspensión de Actividades” porque quedaron atrapados vehículos oficiales de la Fiscalía General de la República (FGR).
Una vez que se liberaron los automóviles, se volvieron a colocar los sellos y nadie vio nada.
Ahora, los propietarios, operadores de negocios y estacionamientos deberán pagar fuertes multas, pero el desorden fue colectivo.
Es injusto que solo se castigue a unos cuantos y se solape a quien tiene poder.
Total si todos la regaron, debe haber consideraciones para quienes fueron sorprendidos por la multitud y la falta de prevención de la autoridad.
Fue un fenómeno atípico y así como la autoridad falló y no dio el ancho —sin que se les castigue— también los prestadores de servicios fueron sorprendidos.
Lo único cierto es que Clara Brugada “Quiere volar”, pero con sus actitudes y las de sus jefes policías solo conseguirá que la “manden a volar…”.


