- También recuerdan la obra de Vicente Quirarte
El Espacio Cultural San Lázaro, que dirige el maestro Elías Robles Andrade, convocó a participar en el Club de Lectura para llevar a cabo un análisis del cuento “El guardagujas”, que se encuentra en el libro “Confabulario”, del escritor Juan José Arreola.
El evento fue promovido por el diputado Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, la Mesa Directiva y las secretarías General y de Servicios Administrativos y Financieros.
Al dar la bienvenida, Robles Andrade pidió también abrir un espacio para recordar la obra de Vicente Quirarte Castañeda, que fue un hombre que hizo de la memoria una forma de sobrevivir, aunque el propósito central de este día es abordar la obra de “El Guardagujas”.
Señaló que la incertidumbre de la que habla este cuento se refiere a una ansiedad cartesiana, de creer que se puede planear y programar todo, de tener mucha certidumbre cuando en realidad la vida encierra muchos misterios.
Explico que las agujas son los rieles móviles utilizados para cambiar el rumbo de un tren, y el guardagujas es la persona precisamente que se encarga de moverlas.
Para hablar de la obra, la organizadora del Club de Lectura, Aida Espinoza Torres, refrió que “El guardagujas” se publicó en 1952 en el libro “Confabulario” y narra la historia de un forastero que llega a una estación de tren desierta, donde se encuentra con un viejo guardagujas que revela la realidad absurda, caótica y surrealista del sistema ferroviario del país.
Destacó que Juan José Arreola fue la figura literaria central del siglo XX, ejemplo de un intelectual autodidacta; nació en Zapotlán el Grande, Jalisco, ahora Ciudad Guzmán. Formó parte de una familia de artesanos y esta riqueza de vida lo impulsó a realizar su obra.
En 1937 llegó a la Ciudad de México para ingresar a la Escuela de Arte Teatral de Bellas Artes, y entre sus obras se encuentra “La Feria”, “Confabulario”, “El guardagujas” y “El rinoceronte”. Incluso está catalogado como el maestro del cuento.
Afirmó que dentro de sus frases célebres sobresalen “si no lees no sabes escribir y si no sabes escribir no sabes pensar”, “estoy lleno de huellas tuyas, de miradas y de voces que me han dejado indefinible rastro”, “no he tenido tiempo de ejercer la literatura, pero he dicado todas las horas posibles para amarla”.
Espinoza Torres comentó que las obras de Juan José Arreola combinan la alegoría, la sátira filosófica, el existencialismo, pero sobre todo el género fantástico y la literatura de lo absurdo.
Por su parte, Gabriela Custodio Sánchez, socióloga de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa (UAMI), basada en el relato de Leonardo Sebastían Rodríguez Castrejón, publicado recientemente, recordó que Vicente Quirarte murió a los 72 años y con él se cierra una de las trayectorias intelectuales más singulares de la literatura mexicana.
Fue poeta, ensayista, narrador, dramaturgo, cronista, investigador, profesor y, ante todo, un escritor que hizo de la memoria una forma de conocimiento; nació el 19 de julio de 1954, creció en el Centro Histórico y proviene de una familia ligada a la cultura.
Vivió con una conciencia muy particular de fugacidad, sabía que los libros como las personas están hechos para desaparecer, que las ciudades cambian, que las casas se demuelen, que los amigos mueren y que hasta la memoria necesita renovarse para no convertirse en simple nostalgia.
Las calles que recorrió seguirán ahí transformadas, los edificios que describió seguirán envejeciendo, los libros que leyó pasarán de unas manos a otras y algún día, dentro de muchos años, alguien caminará una calle del Centro Histórico, levantará los ojos hacia alguna fachada y recordará que Vicente Quirarte estuvo ahí, que la miró y que la convirtió en palabras.


