El Ágora

Opinión

Autocensura y Libertad de Expresión

Octavio Campos Ortiz

Una de las consecuencias del modelo de comunicación política de un régimen cuasi autocrático es la confrontación social y el control de la prensa. La narrativa oficial genera la polarización y la ideologización de los mensajes gubernamentales para justificar su permanencia en el poder. No hay una política pública que defina la comunicación con los gobernados, pero si tiene claro su objetivo de trascender con un esquema populista basado en la administración de la pobreza y el uso electorero de los programas asistencialistas.

La 4T ha sabido implementar una presidencia imperial y eliminado los contrapesos constitucionales. Sometidos los poderes de la República, desaparecida la transparencia en la función pública, enseñoreada la opacidad y alentada la división ciudadana, el siguiente paso es intentar el control de la prensa. La narrativa oficial no acepta contradicciones, es la verdad absoluta basada en falacias. Apelan a la autoridad, “porque lo digo yo”, “tengo otros datos”, “el pueblo bueno y sabio me apoya”. Imponen la infodemia y la posverdad, el pensamiento uniforme. La prensa, el cuarto poder, no solo es un poder fáctico, sino interlocutor de la sociedad y contrapeso que exige la rendición de cuentas a los servidores públicos, lo que es un peligro para un régimen autárquico.

Por eso, recientemente la conversación pública ha girado en torno de la libertad de la prensa, la libertad de expresión, el derecho a la información y la regulación de los medios. Nada nuevo si consideramos que la libre manifestación está consagrada desde la Carta Magna de 1917, que la Ley de Imprenta data también de principios de la centuria pasada y que la garantía sobre el acceso a la información está desde los setenta; no debiera extrañarnos que los medios cuenten con una regulación, incluidos la radio y la televisión.

Sin embargo, las benditas redes sociales dieron un buen pretexto a las autoridades para pretender socavar la función social de todos los medios. La polarización, la interpretación maniquea de la realidad y la imposición de una narrativa ideologizante son gran caldo de cultivo para satanizar a periodistas, dueños de medios, opinadores e intelectuales. La labor de zapa empieza a dar resultados. Los dueños de diarios o concesionarios, que ven amenazados sus negocios -en ocasiones diversos a la información-, han optado por prescindir de colaboradores críticos; el acoso fiscal y la falta de publicidad provocan el cierre de espacios y las soterradas reprimendas han alineados a los grandes consorcios que, además, ven peligrar sus concesiones y demás empresas.

Pero también se ha incrementado la autocensura periodística. Ves las barbas de tu vecino cortar…Pero no solo es por las amenazas o acciones gubernamentales, también es el miedo a ejercer la labor informativa independiente y veraz por el asesinato de comunicadores. No en vano se dice que México es el país más peligroso para la profesión periodística. Muchos medios ya no tienen secciones policiacas u optan por la cobertura light de las notas informativas. Nada policiaco, nada político. También los comentócratas acuden a la antigua máxima de no hablar mal del presidente, del ejército o de la Virgen de Guadalupe. ¿Qué será más dañino para la democracia, la acción avasalladora de un gobierno autárquico o la claudicación resignada de los periodistas?

Apostilla: Con el objetivo de avanzar en la cultura de la prevención contra los incendios y que el fuego no apague una vida, la Asociación Mexicana de Rociadores Automáticos contra Incendio (AMRACI) y el Conejo Nacional de Protección contra Incendios (CONAPCI) demandaron un marco normativo y regulatorio moderno, homologado y nacional que no se quede solo en leyes, sino se promulguen códigos y reglamentos de estricto cumplimiento. En México se registra un incremento del 10 por ciento anual de incendios en casas, comercios e industria. Los organizadores de la expo fire mx & safety -Víctor Espínola (director de AMRACI y CONAPCI), Esteban G. Martínez y Yazmín K. Rodríguez-, precisaron que la actual norma mexicana 02 data de 2010 y no contempla los avances tecnológicos ni obliga a que edificios muy altos, grandes unidades habitacionales o industrias que manejan materiales más flamables cuenten con equipos fijos de extinción y no solo extintores o mangueras. En 2025, el 43 por ciento de los siniestros se registraron en hogares y casi el 60 por ciento en industrias y almacenajes. En 2012, 124 mil personas sufrieron quemaduras y por cada deceso, hubo 220 sobrevivientes con secuelas permanentes; el tratamiento para un menor con heridas es superior al medio millón de dólares.

La falta de una cultura de prevención contra los incendios se refleja en que menos del 5 por ciento de las casas están aseguradas y no llega al 20 por ciento las pequeñas y medianas empresas con seguro. Hay pérdidas anuales por 34 mil millones de pesos y las aseguradoras pagan 33 millones de pesos diarios por daños en empresas aseguradas. El 70 por ciento de los siniestros ocurren en los hogares y provocan más víctimas al año que un sismo. Las compañías de seguros desembolsan 12 mil millones de pesos por siniestros al año. La prevención no sólo evita la pérdida de vidas, que es prioritario, protege también inversiones, continuidad operativa, cadenas de suministro y competitividad del país. Los incendios, además, emiten 10 mil toneladas de CO2, lo que impacta al medio ambiente.

El 25 y 26 agosto se llevará a cabo la expo fire en el WTC y contará con especialistas de 15 países y la asistencia de 4 mil personas. La industria contra los incendios crea 20 mil empleos y aporta un valor de mercado de mil millones de dólares al año. En el evento se propondrá que el 8 de octubre se declare Día Nacional de la Prevención de Incendios.

La consigna es: un México más seguro.