Aquí, otros cielos y en un estante, las termitas se despiden del Museo de Arte Carrillo Gil

Cultura
  • La intervención de Valentina Guerrero Marín convirtió la terraza del museo en un espacio para observar las nubes y reconocer las transformaciones de la atmósfera
  • La vitrina de la librería del MACG se volvió un territorio de rastros, residuos y huellas mínimas en la propuesta de Ana Bidart

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Museo de Arte Carrillo Gil (MACG), invitan a visitar hasta el 11 de octubre Aquí, otros cielos, intervención de la artista Valentina Guerrero Marín en la terraza del museo, y la muestra En un estante, las termitas. Ana Bidart, instalada en los anaqueles de la Librería del MACG.

“Los museos deben abrir espacios para que las personas participen, hagan preguntas y construyan sus propias interpretaciones. En el Carrillo Gil, las propuestas de Valentina Guerrero Marín y Ana Bidart invitan a mirar el entorno y la memoria cotidiana desde el arte. Antes de que concluyan estas exposiciones, invitamos al público a participar en una experiencia que despierta preguntas sobre nuestro entorno y reconoce su capacidad de aportar nuevas lecturas al arte”, señaló la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.

La propuesta de Valentina Guerrero convirtió la terraza del museo en un espacio para aproximarse a la atmósfera desde la experiencia cotidiana y forma parte de una investigación de largo aliento sobre las nubes, los paisajes atmosféricos y las transformaciones provocadas por la actividad humana.

El cierre de la exposición representa para la artista una oportunidad para reconocer lo sucedido durante su encuentro con las y los visitantes. “Mi satisfacción máxima —explicó— ha sido escuchar las reflexiones que surgieron a partir de la propuesta y del simple gesto de detenerse frente a lo que está arriba de nosotros y recuperar la atención hacia aquello que la vida cotidiana, especialmente en las ciudades, puede volver automático”.

La investigación busca apartarse de la mirada romántica asociada tradicionalmente con el paisaje y preguntarse qué ocurre hoy en el espacio atmosférico. Una experiencia cotidiana ayudó a ponerla en marcha: mientras se trasladaba en bicicleta, Guerrero Marín comenzó a sentir los efectos de la contaminación del aire. Las nubes se convirtieron así en una forma de acercarse a aquello que puede permanecer invisible, pero está presente de manera constante. En ese recorrido apareció también la figura del “monstruo”: un cuerpo sin rostro, cambiante y difícil de atrapar, como la crisis ambiental que la artista busca hacer perceptible.

Para llevar esta investigación a la experiencia directa, Guerrero Marín creó duoscopio y periscopio, dos dispositivos ópticos realizados con vidrio, espejos y filtros. Las piezas no pretenden ofrecer una imagen exacta del cielo, sino transformar la manera de acercarse a él y propiciar una experiencia sensorial. “Lo que me interesa es generar piezas que se puedan activar”, señaló la artista.

La exposición incorporó, asimismo, el video Visibilidad, claridad, ok, realizado a partir del archivo de la Biblioteca Meteorológica de París. La artista utilizó este acervo para preguntarse qué queda fuera de un registro y qué historias pueden aparecer al relacionar fechas, lugares y nubes. La investigación establece, además, un diálogo entre Santiago de Chile y Ciudad de México, dos ciudades cuyas condiciones geográficas y atmosféricas producen experiencias diferentes del aire, la luz y el paisaje.

Al concluir Aquí, otros cielos, Guerrero Marín reconoce que su propia manera de relacionarse con el paisaje también cambió. Continúa encontrando belleza en un atardecer, pero esa emoción convive ahora con una mayor conciencia de los contaminantes presentes en la atmósfera.

En un estante, las termitas

El proyecto interviene la vitrina de la Librería del MACG para transformar un espacio destinado a exhibir publicaciones en un territorio de rastros, residuos y huellas mínimas.

La muestra plantea una lectura del archivo a partir de manchas, desgastes y fragmentos que normalmente permanecen fuera de la mirada principal. A través de dibujos, placas de yeso y esculturas, Ana Bidart construye un universo visual cercano al balbuceo y a las formas previas al lenguaje.

La curadora Laura Orozco explicó que el proyecto propone una relectura de la vitrina museográfica y de los propios libros del acervo, no desde su contenido textual, sino desde las marcas físicas que dejan el tiempo, el tránsito y la manipulación de los objetos.

La intervención transforma el librero en un espacio activo que invita a la interacción del público, que puede explorar materiales, abrir compartimentos y seguir las marcas inscritas en las piezas. Asimismo, puede realizar frottages sobre placas grabadas por la artista y llevarse las impresiones resultantes, lo que permite que la pieza se transforme con nuevos rastros y colores.

Radicada en Mérida, Yucatán, la artista Ana Bidart, de origen uruguayo, desarrolla una práctica centrada en el dibujo y los procesos materiales vinculados con la memoria y la huella.

Ambas exposiciones estarán abiertas al público hasta el 11 de octubre en el Museo de Arte Carrillo Gil, ubicado en Avenida Revolución núm. 1608, colonia San Ángel, Ciudad de México. Horario: martes a domingo, de 10 a 18 horas.