Especialistas revisan la vigencia de Carlo Ginzburg

Cultura
  • Coloquio de la Unidad Iztapalapa de la UAM reivindica la historia de los olvidados

El Coloquio A 50 años de El queso y los gusanos de Carlo Ginzburg colocó en el centro del debate una pregunta clave para la historiografía: cómo reconstruir la vida, las ideas y las resistencias de quienes quedaron fuera de los grandes relatos del poder.

El encuentro, realizado en la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), reunió dos mesas de trabajo sobre el legado del historiador italiano, su método sugerente y la actualidad de una obra que cambió la lectura de los archivos.

La reflexión cobró mayor peso tras la muerte de Ginzburg, a los 87 años, ocurrida el 17 de junio de 2026, en Bolonia. El historiador nacido en Turín fue figura central de la microhistoria, corriente que redujo la escala de observación para descubrir, en un caso singular, estructuras culturales de amplio alcance.

La obra publicada en 1976 reconstruyó el universo intelectual de Domenico Scandella, Menocchio, molinero friulano del siglo XVI procesado por la Inquisición.

A partir de expedientes judiciales, lecturas, rastros orales y contradicciones del archivo, Ginzburg mostró que las clases populares no recibían la cultura dominante de forma pasiva, sino que la apropiaban, la discutían y la transformaban.

En la primera mesa, La vigencia del pensamiento de Carlo Ginzburg, las ponencias recuperaron esa apuesta metodológica, a lo largo de las diversas intervenciones, el texto fue leído como una invitación a atender discursos complejos, valorar la escritura histórica y pensar la relación entre cultura popular, poder y resistencia.

Frente a una historia centrada en instituciones y criterios de exclusión, se enfatizó que Ginzburg buscó recuperar la voz de sujetos juzgados o silenciados. El archivo, en esa mirada, no solo registra la acción del poder: abre ventanas para rastrear la cosmovisión de los condenados.

Mientras que, en la segunda mesa El queso y los gusanos hoy, los participantes ampliaron la lectura hacia el mundo editorial y los usos actuales del método. Asimismo, se destacó el papel de Einaudi, editorial fundada en Turín en 1933 y vinculada con redes intelectuales antifascistas.

Desde esa plataforma, el libro alcanzó circulación internacional sin perder su carácter de ensayo histórico.

También de la perspectiva religiosa, se abordó la figura de Menocchio no como hereje aislado, sino como lector autodidacta que mezcló libros, sermones, tradición oral y experiencia cotidiana para formular una interpretación propia sobre Cristo, la Iglesia y los sacramentos.

Para la doctora Irma Hernández Bolaños, integrante del comité organizador e historiadora del Departamento de Filosofía de la Unidad Iztapalapa volver a Ginzburg resulta clave en la formación de los alumnos de la licenciatura en historia y de posgrados.

Para la profesora, utilizar el método permite recuperar la historia de aquellos interesados en escribirla, con diferentes aristas, pues en esta Unidad Universitaria hay alumnos de localidades cercanas a los volcanes y al Valle de México con gran interés de compartir su cultura.

La organizadora remarcó que recurrir a la literatura del historiador italiano es indispensable en los primeros cursos de historia, porque enseña a trabajar como detectives; es decir, ir al archivo, buscar huellas, reunir piezas y formular preguntas sobre el pasado.

Además, consideró que Menocchio conserva vigencia porque cualquiera puede ubicarse entre el ejercicio del poder y la condición subalterna, ya que de acuerdo con el autor de El queso y los Gusanos, la historia se escribe desde voces pequeñas, indicios mínimos y resistencias que el archivo no logra borrar.