Nominada al Latin Grammy, la cantante portuguesa encabezará el Festival Internacional de Fado 2026, con conciertos el 26 de noviembre en Ciudad de México y el 28 en Cancún. Su historia comenzó entre guitarras, voces y reuniones familiares donde descubrió que la música era una forma de compartir la vida
Antes de los grandes escenarios, los discos y los reconocimientos internacionales, hubo una niña que escuchaba cantar a los mayores y deseaba formar parte de aquellas reuniones. En su casa, el fado no era una disciplina que debía aprenderse ni una tradición que hubiera que preservar por obligación. Era, sencillamente, parte de la vida.
Aquella niña era Sara Correia, hoy una de las voces destacadas del fado contemporáneo. Nacida en una familia de fadistas, descubrió muy pronto que cantar era también una manera de participar en la vida de quienes la rodeaban.
“Tengo recuerdos muy bonitos de mi infancia porque el fado siempre estuvo presente de forma muy natural. Crecí rodeada de voces, guitarras, tertulias y personas que vivían esta música con mucha verdad y pasión”, rememora la intérprete.
“Recuerdo que empecé a cantar casi sin darme cuenta, escuchando a los mayores y queriendo formar parte de aquello que había en casa y en mi entorno. El fado no era algo que tuviera que aprender como una obligación: era parte de mi día a día, de mi familia y de mi identidad”.
Sara pertenece a una generación de intérpretes que encuentra en el fado un lenguaje abierto a su tiempo. Su búsqueda no consiste en sustituir sus raíces, sino en expresarlas desde su propia experiencia. “Siento que puedo cantar fado tradicional, mantener esa base y esa alma antigua que tengo, pero también aportar mi edad, mis vivencias y mi manera de sentir. No quiero tener que elegir entre tradición y modernidad”, explica.
A sus 33 años, la cantante considera que cada generación necesita encontrar su propia manera de contar historias. Por eso, aunque explora sonidos y colaboraciones diferentes, reconoce en la interpretación tradicional el fundamento de su trabajo. Uno de los momentos significativos de su carrera llegó con la nominación de Do Coração al Latin Grammy. Más allá del reconocimiento profesional, Sara recuerda aquella experiencia como una oportunidad para compartir internacionalmente una expresión musical profundamente vinculada con la identidad portuguesa.
“Fue una enorme alegría que un álbum de fado llegara a un reconocimiento internacional como los Latin Grammy. No lo sentí solamente como algo personal, sino como una manera de llevar nuestra música un poco más lejos”. La distinción también le hizo tomar conciencia de la responsabilidad que acompaña a su proyección internacional. “Cuando recibes un reconocimiento así, sientes que llevas contigo no solo tu trabajo, sino también una parte de tu cultura y de la música de tu país”.
Esa relación entre la memoria personal y la identidad colectiva sigue presente en su manera de cantar. Sara no concibe el fado como una pieza de museo, sino como una expresión viva que puede dialogar con otras músicas y encontrar nuevos públicos. Para Correia, el valor de una interpretación no termina cuando concluye la última canción. Lo verdaderamente importante es aquello que permanece en quienes la escuchan.
“La música tiene el poder de tocar lugares muy profundos dentro de nosotros y recordarnos que, incluso después de los momentos más difíciles, siempre puede haber luz”, reflexiona. Esa convicción acompañará sus próximas presentaciones en México, donde espera compartir no solo su repertorio, sino también la fuerza y la esperanza que encuentra en la música.
“Me gustaría que el público mexicano saliera de mi concierto llevándose un poco de esa fuerza y de esa esperanza que traigo conmigo. Para mí, lo más bonito que puede conseguir un artista no es solamente que lo escuchen, sino dejar algo dentro de las personas”.
Sara Correia se presentará el jueves 26 de noviembre, a las 20:00 horas, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris de Ciudad de México, y el sábado 28 de noviembre, a la misma hora, en el Teatro de la Ciudad de Cancún, como parte del Festival Internacional de Fado 2026.
La niña que escuchaba cantar a los mayores regresa, de alguna manera, a aquel primer impulso: compartir las historias y emociones que encontró en la música desde su infancia.



