Y el ‘Huachicol Minero’ amá?
Urbano Barrera
El ‘Huachicol’ en México es un monstruo de mil cabezas que provoca un saqueo a las finanzas del Estado y no hay quien lo frene. Se presenta de múltiples modos y las fuerzas federales se limitan a frenar el de gasolina, gas y diésel.
Tan pronto llegó el presidente Andrés Manuel López Obrador dio una patada al avispero y empezó a transparentar cómo se maquinaba el robo de combustibles a gran escala.
Se reveló que había hurto de combustible en altamar; que la gasolina, diésel, combustóleo, turbosina, gas avión y otros derivados fósiles se ‘evaporaban’.
También se hizo saber del robo de combustible al llegar a los puertos; renacieron los ‘piratas’ y ‘chupaductos’.
La atención se centró en todos los ramales que llegaban y salían de las refinerías de Petróleos Mexicanos (Pemex), en los miles de tomas clandestinas hechas por pobladores pobres, pero nunca se dijo que el gran negocio se hacía en las finanzas y en la evasión de impuestos.
El negocio se desnudó y la sorpresa fue que la 4T se dio un tiro en el pie, debido a que los operadores de tan fastuoso desfalco eran los propios funcionarios de gobierno de la supuesta transformación.
Integrantes de la institución que fue lanzada las calles para administrar puertos, aeropuertos y aduanas se corrompieron en un abrir y cerrar de ojos.
Pero, no todo queda ahí, los servicios de inteligencia del Gobierno Federal saben que hay cientos de formas de evadir impuestos y dañar las arcas federales.
Otra de las prácticas de ‘Huachico’ sin duda se da en el terreno minero, donde las evasiones son multimillonarias en dólares.
A la fecha hay un saqueo tan grande como cuando llegaron los españoles a América, solo que de manera más sofisticada.
El ‘Huachicol Minero’ ocurre con oro, plata, bronce, cobre, níquel, metales preciosos y las denominadas ‘tierras raras’.
A diferencia del ‘Huachicol’ tradicional (enfocado en combustibles), esta modalidad afecta a la industria extractiva mediante atracos violentos a cargamentos, operaciones mineras ilegales o la falsificación de documentos de origen para legalizar el metal extraído.
El más rudimentario, es el robo de cargamentos por grupos armados que interceptan camiones de carga o góndolas con toneladas de concentrados de oro y plata en carreteras federales.
Otra forma, es la extracción clandestina; es decir, la explotación de vetas y yacimientos sin autorización legal, a menudo operados o financiados por el crimen organizado en zonas con nula vigilancia.
Pero, el saqueo técnico más alarmante se da a diario, debido a que todas las mineras extranjeras, sacan camiones y góndolas con concentrado de metal en roca y pagan impuesto por tierra y graba.
Como en México no se cuenta con la tecnología suficiente para medir la cantidad de metal, ni fundidoras previo a la llegada del concentrado a las aduanas, a los mexicanos nos pagan tierra por oro, plata, bronce, cobre, níquel y más…
Este concentrado sale casi con valor cero y al llegar a otros países donde se hacen lingotes o barras la ganancia es al mil por ciento.
Obvio en esta cadena de producción, explotación y saqueo están coludidas autoridades de todos los niveles, personal de aduanas y del SAT que omiten actuar pues hay millonarias tajadas de por medio.
A sabiendas de ello, el crimen organizado encontró otra importante veta como en el combustible y controla todas las zonas mineras.
Cobra piso, vende seguridad, tiene peaje por kilo o ejecuta a quienes se niegan a colaborar o participar del negocio multimillonario.
Junto con el combustible, destaca el ‘Huachicol’ de productos del campo, del mar, la minería, recursos forestales, tecnológicos, energías y más…
Este gobierno hace el ridículo al señalar que no se le toma en cuenta para la instalación de una agencia de investigación criminal internacional, pero no reconoce que desde el sexenio pasado se erosionaron las instituciones.
Ello, dio manga ancha a otras naciones para apoderarse de los recursos mexicanos.
Como los funcionarios son neófitos o cómplices, no será extraño que existan operativos y autoridades paralelas, pero no de autogobiernos ilegales mexicanos, sino de naciones vecinas y distantes.



