¿Soberanía?
Urbano Barrera
Cierto, ninguna mafia, grupúsculo, partido o movimiento, está por encima de la grandeza de una nación. México vale por su gente, recursos y cultura. Mientras que la clase política es una vergüenza.
En este 216 Aniversario de la Independencia de México, los discursos patrioteros fueron y vinieron. Como los antojitos y los inodoros.
Las arengas lucieron más que vacías y, las afrentas a Donald Trump, por parte de la presidente Claudia Sheinbaum, casi al borde del llanto colectivo. Vergonzante.
La mandataria defendió el anémico concepto: soberanía mexicana. Se olvidó del materialismo dialéctico con el que se formó en Ciudad Universitaria y en sus tertulias de Tlalpan y Coyoacán.
Ya no depara en que la superestructura social, sigue igual, a la cima, los dueños de los medios de producción (fabricas, tierras, herramientas, religión, oligarquía, medios de comunicación, dinero…), son los mismo y ellos (4T) en el intento por incluirse.
La base social, el proletariado, conocido o bautizado hoy como ‘Pueblo Bueno’, sigue como desde el feudo, solo participando con su fuerza de trabajo a cambio de un salario para sobrevivir. ¡Cuál cambio!
Lo que sorprende es ver el intento de las castas, lugartenientes, operadores, ejecutores y sicarios de la 4T queriendo integrarse a la superestructura social.
Solo que ellos ni crearon riqueza por el trabajo, ni por la explotación del trabajo y, mucho menos, por la apropiación de la plusvalía. No han generado nada, solo multiplicación de deuda.
A la base social, la tienen cautiva, alienada, controlada con una aportación mensual y bimestral en cualquiera de sus programas. Es una dictadura casi perfecta.
El gran error y gran problema del PRI refundado, es cimentarse del capital y dinero sucio, de las evasiones, fraude, extorsión y del crimen organizado. En los acuerdos y llamadas de políticos (as) a la presidencia para pedir el cambio de autoridades militares cuando si trabajan, como en el caso de Sinaloa.
Así, antes que gritar al mundo “México no se doblega, no se arrodilla y nunca se vende”. “El país no será colonia, ni protectorado de ninguna potencia”, hay que ver que la soberanía se construye a diario y no con un discurso patriotero. Arrodillados ante el crimen.
Nadie, ningún gobierno externo tendría que amenazar e intentar llevarse a gobernadores, senadores, alcaldes, juzgadores, políticos y personajes, si en México se les castigara.
No tendrían por qué perseguir ‘huachicoleros’ fiscales, si estos delincuentes institucionales importaran y exportaran de manera correcta y sin evadir impuestos.
No tendrían que hacer encuestas sobre una posible intervención militar con la población si hubiera, en el Poder Ejecutivos, políticos probos y no hampones.
Si en el Poder Judicial existieran verdaderos jueces, magistrados y ministros de carrera. Los pocos que aún quedan, viven amenazados, investigados y escrutados hasta en sus herencias y ahorros.
Si en las policías y Fuerzas Armadas no hubiera gavillas que atracan a cada segundo, cuando las bases y la tropa son las que trabajan con total dignidad y entereza.
No tendría que haber amenazas a la soberanía si el Poder Legislativo tuviera diputados y senadores honestos y no como muchos que son delincuentes disfrazados, jefe de pandillas y cárteles, gestores de la delincuencia o protectores de grupos y bandas delincuenciales con alcances nacionales e internacionales.
No habría amenazas contra la soberanía se existiera suficiente empleo y bien pagado para que terminara la exportación de mano de obra barata, si los servicios de salud estuvieran a la altura de la clase media que los subsidia.
Se evitarían las amenazas, si todos los sectores productivos, públicos y privados, cumplieran con su trabajo. Si el campo, además de alimentos, dejara de generar droga, narcolaboratorios y muerte para el mundo.
Si los partidos y las instituciones velaran por la democracia. Que se dejara de enviar delincuentes las embajadas y que no hubiera la necesidad de certificar a los países cada año en su trabajo contra las drogas y terrorismo.
La Presidenta tendría que hablar de soberanía cuando recibe recursos y presupuesto para apoyar la lucha contra las droga, equipo y capacitación.
Cuando se le echa la mano a México para cumplir con las cuotas petroleras, con el agua en la frontera, con los patrullajes en aguas internacionales y ante las amenazas comerciales internacionales.
En el caso de las importaciones y exportaciones ni hablar, dependemos casi al 90 por ciento de Estados Unidos, pero es muy bonito y lucrativo hacer discursos y declaraciones explosivas que no duran un segundo porque estamos hipotecados.
Más vale ser serios y coherentes. No tomar dictado de la lenta y aturdida voz Palenque-México. Su periodo terminó (el del Peje) y el vigente (Claudita) transcurre en forma desastrosa. La lista podría seguir y seguir, pero es inútil ocultar la realidad. La reflexión e interrogante, más allá de la invasión o violación de las fronteras, es: ¿Hay soberanía?


