- Plaga de franeleros, impunidad en la CDMX
Javier Divany Bárcenas
Según datos de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo en la Ciudad de México existen 1,936 franeleros o cuidadores de automóviles registrados oficialmente como trabajadores no asalariados, pero esa cifra no es ni el diez por ciento de los que están en las calles y se han apoderado de todos los espacios para cobrar y permitir estacionarse en las mismas.
Clara Brugada, gobernadora de la Ciudad de México no ha podido acabar con esta plaga de los llamados franeleros que llenan de huacales las calles, que en complicidad con la policía de la Ciudad de México a quienes les rinden cuentas dándoles partes de las ganancias por las cuotas que cobran a los automovilistas, hacen toda una red delictiva y millonaria.
Son varias decenas de miles de franeleros que viven de esta actividad en la Ciudad de México, que no tienen ningún registro por parte de las autoridades, tampoco pagan impuestos y mucho menos son dueños de las calles.
El titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Pablo Vázquez Camacho, quizá sea el menos beneficiado de esta actividad ilícita que realizan los franeleros que cobran entre 30 y 50 peos por auto que ocupa un espacio en la calle, pero si es el responsable de este desorden.
Y digo que el menos beneficiado porque quizá a él ya no le llega lo que reciben las patrullas asignadas a cada sector de las colonias de cada una de las alcaldías, porque son los patrulleros que en realidad dejan trabajar a los llamados franeleros.
Poner orden contra este grupo de personas (los franeleros) que le ha robado un espacio a los capitalinos apoderándose de las calles, corresponde a las autoridades administrativas de las 16 alcaldías de la CDMX, sin embargo, eso no ocurre desde hace décadas.
A diario los ciudadanos padecen el poderse estacionar en las calles, ente el ineficiente gobierno de Clara Brugada, que ha sido incapaz de llevar a cabo un programa de regulación para estacionarse, ha detenido el programa de sistema de parquímetros, que de alguna forma regulan los estacionamientos en las calles y por el contrario ha permitido la proliferación de bandas organizadas en el apoderamiento de los espacios públicos.
Otro problema se registra en los alrededores de los auditorios, estadios y lugares de diversión donde se realizan conciertos, y ahí mandan los franeleros y los policías ya que son los apoderados de las calles, y muestra de ello basta con ir algún concierto donde los franeleros cobran entre 300 y 600 pesos por cuidar el auto o dejar de estacionarte.
¿A dónde va a dar ese dinero? Cuando son miles de automóviles. Pues, parte de ello se lo llevan las patrullas del sector según corresponda, porque lo demás lo recibe el encargado de vía pública, y a su vez la alcaldía. O sea, es un negocio redondo ilícito, con la complicidad de las autoridades administrativas y de la SSC de la Ciudad de México.
¿Cuándo se va acabarán estas prácticas? Nunca, y digo nunca porque es todo es una maraña y todos se echan la bolita, pero son miles de millones de pesos que se manejan en esta actividad ilícita de los franeleros o cuidadores de automóviles en la Ciudad de los ajolotes.
Por ley la actividad de los franeleros está prohibida, pero nadie hace valerla. No es un tema de hoy, es de décadas, pero nadie quiere poner orden a un agravio diario a los capitalinos.
Recientemente el Congreso de la Ciudad de México aprobó aplicar sanciones que van de 24 a 36 horas de arresto inconmutable a las personas al cuidado y uso del espacio público, conocidas con el nombre de “franeleros”, una iniciativa de la jefa de Gobierno, Clara Marina Brugada Molina.
Se adicionó la fracción XXXIX al artículo 3; el artículo 28 Bis para establecer infracciones especiales contra la seguridad ciudadana relacionadas con la ocupación de la vía y espacio público, último párrafo al artículo 31; y reformó el artículo 32 de la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México.
En este sentido, se considerarán como faltas a la ley las que se cometan en el espacio público: apartar y obstaculizar con cualquier objeto lugares de estacionamiento y, exigir de cualquier manera a una persona, la obtención de un pago por vigilar, estacionar o cuidar, lavar o asear vehículos.
Desafortunadamente, los infractores no llegan hasta el juez para ser sancionados, simplemente son bailados (les cobran una cuota) por la autoridad para seguirlos dejando operar y no llevarlos a bordo de la patrulla.
De esta regla que aprobaron los legisladores de la Ciudad, que ellos mismos, los diputados, vayan a dar una vuelta a la colonia Roma Sur, algún estadio donde haya un concierto, a un auditorio o lugar de eventos a ver si ya desaparecieron los franeleros o a cualquier colonia donde siguen apoderados de las calles y verán que la ley se la siguen pasando por el arco del triunfo.
@javierdivanybz


