- Desde la UAM se estudia cómo la regulación, el diseño y los sistemas de protección pueden reducir daños y evitar que el ahorro inicial se convierta en mayores pérdidas a largo plazo
Ante los riesgos generados por los sismos, los cuales son una de las mayores amenazas naturales a la infraestructura de las poblaciones y a la vida de sus habitantes, es indispensable investigar y aplicar métodos de mitigación efectivas.
Desde la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Azcapotzalco, donde el doctor en Estructuras, Arturo Tena Colunga, perteneciente a la División de Ciencias Básicas e Ingeniería, dedica su investigación a la reglamentación y normatividad sísmica, diseño sísmico resiliente, disipación pasiva de energía y aislamiento base, condiciones de irregularidad estructural ante actividad sísmica, habla sobre el tema.
En entrevista comentó sobre algunos estudios, como el realizado en conjunto con la Universidad Autónoma de Guerrero donde se valoró el peligro sísmico y la energía que pueden tener algunas de las zonas sismogénicas, planteando máximos probables para evaluar tanto el potencial destructivo como la vulnerabilidad de un ambiente construido para Chilpancingo, por ejemplo.
También se refirió a la publicación sobre la recuperación de las edificaciones en la Ciudad de México y en partes del estado de Oaxaca posterior a los movimientos telúricos de 2017, para conocer cómo ha sido la reconstrucción real de estas urbes que fueron afectadas.
Este tipo de datos duros, declaró, funcionan para que al desarrollar modelos que simulan escenarios de temblores futuros se cuente con valores realistas en función de la propia experiencia y de la organización política y social.
Además de ser capaces de calcular las pérdidas económicas y determinar en qué tiempo se puede restablecer una metrópoli dañada y que vuelva a ser la de antes del desastre, una acción que se le conoce como resiliencia sísmica.
El doctor añadió que, a su vez, aborda la normatividad aplicable a la capital del país y el resto del territorio, identificando las áreas de oportunidad y las direcciones que debería seguir la regulación para reducir los daños en el ambiente construido.
Indicó que para disminuir la vulnerabilidad en eventos futuros hay que normar los inmuebles que serán planeados para tener la menor afectación posible y que sea fácil su rehabilitación, sobre todo en vivienda y no apostar al daño para optimizar desembolsos iniciales.
Enfatizó que es importante explicar a las personas el significado costo-beneficio para que escojan, desde sus posibilidades, la mejor opción que tienen al invertir dinero en una obra que tendrá un detrimento mínimo, y que después de una reparación se podrá seguir ocupando. “Hay que pensar más en las consecuencias que se pueden evitar”.
En tanto, señaló que existen tecnologías de control de la respuesta sísmica, siendo de las principales el aislamiento sísmico, mecanismos con disipación pasiva de energía y con amortiguamiento adicional.
Estos sistemas y dispositivos están pensados para absorber, disipar o desviar la potencia generada por un movimiento telúrico, lo que reduce las demandas transmitidas a la estructura para protegerla y controlar su impacto; estos dispositivos solo actuarán o responderán cuando se suscita el fenómeno. Si los sistemas de control de la respuesta sísmica sufren algún deterioro, se pueden reemplazar. El experto argumentó que existen edificios con estos mecanismos, pero en su mayoría no, debido al precio.
Concluyó que la investigación realizada desde la academia y su interacción con la práctica profesional son fundamentales para generar mejores soluciones técnicas, innovación y seguridad tanto en el sector de la construcción como en su marco normativo.


