Por Ana Celia Casaopriego
¿Farmear aura es construir reputación?
Las personas “farmean aura” para aumentar lo que podríamos llamar su capital de popularidad frente a los demás. Y, desde la comunicación, el fenómeno tiene una relación interesante con algo que llevamos años intentando construir: reputación.
Con una diferencia fundamental: puedes farmear aura en 15 segundos y construir una reputación puede tomar años. Pero perder ambas puede tomar un solo video.
El concepto de “tener aura” comenzó a popularizarse alrededor de figuras deportivas. Después llegaron los aura points y la expresión se extendió entre comunidades de gaming, anime, deportes y memes.
“Aura” es esa mezcla de presencia, carisma, seguridad y estilo difícil de medir. “Farmear”, tomado de los videojuegos, significa acumular puntos o recursos. Juntas, las dos palabras describen algo tan simple como fascinante: acumular puntos imaginarios de prestigio.
El fenómeno se volvió mundial con el video de un niño bailando en la punta de una embarcación en Indonesia. No decía nada, no vendía nada y ni siquiera parecía interesado en la cámara. Pero millones de personas coincidieron en algo: tenía aura.
Si farmear aura significa acumular percepción positiva, admiración o estatus, la pregunta resulta inevitable:
¿Farmear aura es lo mismo que construir reputación?
La respuesta corta es NO.
Lo que nadie dice es que una generación que creció midiendo likes, seguidores y reproducciones ahora empezó a ponerle puntos hasta a la percepción.
Y, sin proponérselo, encontró una buena metáfora para explicar uno de los errores que seguimos cometiendo en comunicación digital: confundir visibilidad, influencia y reputación como si fueran lo mismo.
No lo son.
Puedes ser visible sin ser influyente, viral sin ser confiable y tener millones de seguidores sin contar con una buena reputación.
Durante años hemos medido la comunicación digital con aquello que las plataformas pueden contar: alcance, impresiones, seguidores, reproducciones e interacciones. Pero ninguna de esas métricas responde por sí sola la pregunta más importante:
¿Qué piensa la gente de ti después de verte?
Ahí empieza la diferencia entre aura y reputación.
El aura puede ser inmediata. La reputación necesita tiempo y congruencia.
Una acción puede generar admiración en segundos. Pero cuando esa percepción se repite, se confirma con hechos y se sostiene en el tiempo, empieza a convertirse en reputación.
El aura puede abrirte la puerta; la reputación decide cuánto tiempo permaneces dentro.
En comunicación digital nos hemos vuelto extraordinariamente buenos para medir números, pero seguimos teniendo dificultades para medir lo que realmente importa: la percepción que esos números generan. Podemos saber cuántas personas vieron un contenido, cuánto tiempo permanecieron en él o cuántas veces lo compartieron, pero todavía no existe un dashboard que diga: confianza +5,000, credibilidad +8,000, autoridad +12,000 o reputación −30,000.
Y, sin embargo, ésas son muchas veces las variables que realmente importan.
El algoritmo puede darte exposición. La pauta puede comprarte alcance. Una estrategia digital puede conseguir millones de reproducciones.
Pero ninguna de ellas, por sí sola, garantiza confianza, credibilidad o reputación.
Un contenido con diez millones de reproducciones puede fortalecer una imagen o destruirla.
Por eso alcance no es influencia, viralidad no es reputación y visibilidad no necesariamente significa posicionamiento.
Los números nos dicen qué ocurrió con el contenido.
La reputación nos dice qué ocurrió con la persona, la marca o la institución después del contenido.
📌Lo que sí podemos hacer
Dejar de confundir atención con reputación. Antes de celebrar millones de reproducciones, debemos preguntarnos qué percepción dejaron y si esa percepción nos acerca al objetivo de comunicación.
Entender los códigos antes de apropiarnos de ellos. No toda tendencia necesita una marca, un político, una empresa o una institución subiéndose a ella. A veces, saber cuándo no entrar también es estrategia.
Trabajar con congruencia. La reputación no se construye con un contenido viral, sino con la consistencia entre lo que dices, lo que haces y lo que los demás perciben de ti.
Tal vez dentro de seis meses nadie esté hablando de farmear aura. Así funcionan las tendencias digitales. Pero el fenómeno habrá dejado una pista muy útil para quienes nos dedicamos a la comunicación.
Hoy puedes farmear aura en 15 segundos, conseguir millones de reproducciones en una noche, entender el algoritmo e incluso comprar alcance.
Pero construir confianza, credibilidad y reputación sigue requiriendo algo para lo que todavía no existe ningún atajo: estrategia, objetivos, tiempo, consistencia y congruencia.
Porque el aura se puede farmear.
La reputación se tiene que construir.


