La vacuna producida por la Universidad de Oxford y AstraZeneca que podría aplicarse a la población en el verano de 2021 representa una esperanza para la mitigación de la COVID-19 en México debido a los bajos costos de producción y mayor facilidad de almacenamiento y posibilidad de transporte con la logística existente en el sector salud, consideró el doctor Pablo Adolfo Mayer Villa, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En un panorama conservador, “México podría tener 200 millones de dosis de la inmunización porque el costo es mucho menor y de manejo más sencillo que aquellas de RNA, que tienen que ser conservadas a menos de 70 grados centígrados, en tanto ésta puede ser almacenada y transportada a entre -2 y -8 grados Celsius”.

La vacuna AstraZeneca es un vector viral no competente para replicarse que en las fases 1 y 2 ha brindado una inmunidad de entre 68 y 100 por ciento en cientos de personas, mientras que en la Fase 3 –cuando se aplicó a gran escala entre individuos de 18 a 55 años– las pruebas de inmunidad alcanzan el 70 por ciento, con algunos efectos secundarios como fatiga, dolor de cabeza y malestar en general en la primera y segunda dosis.

Además, la Fundación Carlos Slim tiene un convenio para su producción y distribución en México, lo que crea aún más expectativas y hace que “se aminore la crisis económica de alguna manera y cree esperanza en la mitigación de la enfermedad”, dijo en la conferencia Virología, epidemiología y vacunas para SARS-CoV-2.

Existe un esfuerzo global para caracterizar al virus y el curso clínico de la enfermedad por COVID-19 que ha llevado a trabajar de manera intensa para encontrar una vacuna urgente para mitigar los efectos de esta pandemia causada por el virus SARS-CoV-2.

“El desarrollo se inició cuando la secuencia del virus estuvo disponible en el mes de enero y se ha movido a una velocidad sin precedente para una inmunización, pues los ensayos para la Fase1 comenzaron en marzo y actualmente existen más de 180 vacunas en diferentes etapas de progreso”, enfatizó el académico del Departamento de Ciencias de la Salud de la Unidad Lerma.

Actualmente se tienen datos de los ensayos de las primeras dos fases de inmunizaciones candidatas que sugieren que son seguras y efectivas, e incluso muchas de ellas han dado el paso a Fase 3 y precisan que estarán listas en un lapso de meses.

Tradicionalmente los tiempos para el perfeccionamiento de una vacuna son largos, ya que puede desarrollarse en 15 años, pero gracias a la información arrojada por el SARS-CoV-1 fue posible identificar que la proteína S, en específico la RBD de la proteína, eran los objetivos necesarios para la inmunización contra el coronavirus.

Con esa identificación, el antígeno debe bloquear el patógeno y limitar o eliminar la propagación de la enfermedad. “Se adaptaron los procesos para la vacuna de las candidatas del SARS-CoV-1 y del MERS y en algunos casos la información toxicológica y preclínica pudo ser utilizada por completo en los primeros ensayos para una posible vacuna contra el SARS-CoV-2”.

En marzo pasado tuvieron lugar los ensayos clínicos diseñados de tal manera que las fases clínicas se traslaparon y el inicio de los protocolos se dio de manera escalonada hacia una progresión rápida a la Fase 3.

La producción de las vacunas debe ser revisada por Comités de Emergencia de Agencias Reguladoras que autorizan su uso y se espera contar con una vacuna en un plazo máximo de 18 meses, aunque hasta el momento se desconoce si se precisará una o dos dosis o si la aplicación será anual, como el caso de la de la influenza.

“Asumiendo que serán dos dosis por persona, para poder cubrir la demanda global se necesitarán 16 mil millones de vacunas, cantidad 80 veces superior a las 200 millones consideradas para México”, finalizó.