Aunque el rostro de Eskil Vogt puede no ser aún muy conocido en el Festival de Cannes, su nombre ya ha aparecido proyectado en su pantalla. Cómplice del director Joachim Trier, fue coguionista de El amor es más fuerte que las bombas (Louder Than Bombs), en Competición en 2015, y de Oslo, 31 de agosto (Oslo, 31. August), aclamada en Un Certain Regard en 2011. Hoy le toca presentar su película, The Innocents, un thriller sobrenatural de niños.

¿Cómo se le ocurrió la idea de The Innocents?

Creo que fue a raíz de tener mis propios hijos. Al observarlos recordé que su mundo es completamente distinto al nuestro. Para mí, los límites de lo posible llevan fijados mucho tiempo, mientras que su mundo sin barreras se amplía con cada nuevo descubrimiento. Esto despierta cierta sensación de admiración y magia. Quise volver a penetrar en este universo y grabarlo, pero sin filtro nostálgico, porque vivir sin límites también puede ser aterrador.

¿Cómo era el ambiente durante el rodaje?

Al grabar The Innocents, sabíamos que hacía falta crear un ambiente tranquilo para que los niños se concentraran en su trabajo. Como se distraen con facilidad, pedimos al equipo que no sacaran los móviles del bolsillo y que hablaran solo lo necesario alrededor de las cámaras. También evitamos factores perturbadores para garantizar que no hubiera personalidades demasiado fuertes que pudieran generar tensiones durante el rodaje. Fue un método de trabajo excelente que reproduciré en mi próxima película, con o sin niños.

¿Algo que decir sobre los actores?

Estoy muy agradecido por haber dado con los cuatro actores principales. Tenían entre 7 y 11 años durante el rodaje y trabajaron como auténticos veteranos. Son la fórmula secreta de la película. Sé que no soy objetivo pero creo que son verdaderas revelaciones.

¿Qué le ha enseñado este rodaje?

Hay quien afirma que no se debe trabajar con animales ni con niños, pero no es verdad. Me daba miedo atreverme a escribir una película en la que habría niños en absolutamente todas las escenas y, para colmo, tenía a un gato en un papel crucial. Pero estos miedos eran infundados: fue genial. Al final los niños lo hicieron estupendamente ¡y el gato resultó ser una diva!

¿De dónde viene su deseo de dirigir películas?

Mi deseo de hacer películas viene de mi amor por el cine. Al crecer, me di cuenta de que las películas me parecían un espacio mejor que la realidad que me rodeaba. Incluso los problemas de los personajes de las películas me resultaban más interesantes que los míos. Yo quería tener esos problemas.

¿Qué opina de la industria cinematográfica noruega?

Tenemos la suerte de contar con un buen sistema que permite la financiación de películas que jamás habrían podido sobrevivir en un mercado tan reducido como el noruego. Dicho esto, este apoyo está en constante peligro y la idea de que el cine pueda ser una forma de arte nunca ha calado en Noruega. Ahora mismo hay ciertos cineastas interesantes pero cada vez resulta más difícil tener la confianza necesaria para hacer películas. Corremos el riesgo de que todo este talento se esfume y solo quede la televisión, un trabajo menos íntimo.

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