Terpsícore: danza para la formación integral

Entre movimientos acompasados, delicados y con una coordinación corporal casi perfecta, los integrantes del Taller Terpsícore ejecutan con ahínco ejercicios de flexibilidad, pliés y port de bras al ensayar El Cascanueces y La Bella Durmiente, como parte de su repertorio de danza clásica.

La agrupación –fundada en 2012 y cuyo nombre evoca a la musa de la mitología griega representada con una corona de guirnaldas y una lira– tiene su sede en la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y está conformada por alumnos, profesores y trabajadores.

De acuerdo con la directora, Selene Luna Chávez, egresada de la Academia de la Danza Mexicana del Instituto Nacional de Bellas Artes, el espacio acerca la disciplina a la comunidad de esta casa de estudios al permitir que los participantes exploren sus capacidades físicas y conozcan otras formas de expresión corporal.

En entrevista refirió que es el único campus de la UAM donde se imparte ballet, por lo que la clase ha tenido gran aceptación, además de que en los alrededores son pocas las academias y elevado el costo de aprender una actividad que la mayoría considera difícil, entre otros factores por la edad, aunque con esfuerzo, constancia, pasión y disciplina se alcanzarán resultados satisfactorios.

El Taller está dividido en tres niveles: principiantes, intermedios y avanzados, lo que permite una revisión profunda de los aspectos anatómicos y técnicos, “ya que es necesario adquirir un lenguaje particular y familiarizarse con el cuerpo a partir de los conocimientos sobre anatomía y movimiento, es decir, que los ejecutantes conozcan su físico, posibilidades y estructura” personales.

La instrucción está basada en el método Vaganova, diseñado por la bailarina y pedagoga rusa Agrippina Vaganova y uno de los más reconocidos en el mundo debido a que facilita el dominio de la técnica y el desarrollo de habilidades psicomotoras y musicales, además de que mejora la flexibilidad y la alineación corporal e incrementa la tonicidad muscular y la memoria.

Luna Chávez, responsable también del Taller Xochipilli, del género del folclor, indicó que el beneficio es integral, en especial porque la colaboración en equipo genera valores de empatía, solidaridad, compañerismo y formas innovadoras de visualizar el entorno y resolver problemas.

Cada trimestre, Terpsícore programa una temporada de prácticas escénicas en el Teatro del Fuego Nuevo y clases de exhibición en la Central de Abastos, la Casa de la Primera Imprenta de América, el Túnel de la Ciencia del Sistema de Transporte Colectivo Metro y la Universidad Autónoma Chapingo, entre otros escenarios.

El repertorio comprende fragmentos de las obras Giselle, El Cascanueces, La Bayadera y La Bella Durmiente, en la búsqueda del equilibrio entre los estilos clásico y contemporáneo para llegar a una mayor audiencia al ofrecer una diversidad de formatos de consumo de este arte; el taller ha presentado Letras danzadas. Cuerpos itinerantes, entre otras coreografías basadas en fragmentos de la literatura.

Luna Chávez invitó a la comunidad universitaria a vivir esta disciplina, “que posibilita redescubrirnos, adquirir y desplegar capacidades; partir de todo el movimiento interno que hay en nuestro ser para convertirlo en una intención y encontrar en el Taller el camino a la seguridad y la confianza individual, a la vez que ayuda a concretarse colectivamente”.