Tengo planes para los próximos 150 años: Ruy Pérez Tamayo

Cultura

“Me siento orgulloso y satisfecho y quiero reiterar que tengo planes para los próximos 150 años”. Con esas palabras, el colegiado Ruy Pérez Tamayo, concluyó el 4 de noviembre la primera sesión de la Cátedra que lleva su nombre, organizada por El Colegio Nacional y la Universidad Veracruzana (UV).

“La divulgación de la ciencia requiere no sólo conocimientos, sino convicción, la sensación de que estás cumpliendo con una función indispensable de la investigación científica, que es su divulgación. Además, deberían existir ejemplos de cómo hacer esta labor con la idea de obtener todos sus beneficios”, enfatizó el profesor emérito de la UNAM, un convencido de que la práctica no está reñida con la investigación.

Desde su perspectiva, mientras mejor se hace investigación y mayor confianza se tiene en la validez de las preguntas, mayor importancia tienen las respuestas, porque a final de cuentas en la práctica o en la investigación, “lo que queremos es obrar en forma benéfica para los pacientes, una forma que puede tener distintas aplicaciones y todas ellas tienen el mismo valor.”

Al inaugurar las actividades del coloquio El pensamiento científico y humanista de Ruy Pérez Tamayo, la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, recordó que el objetivo del encuentro es alentar la divulgación de la ciencia para promover el desarrollo de la cultura científica.

“Organizada en colaboración con El Colegio Nacional, se cumplen siete años de una alianza que se fortalece porque se comparte la convicción de la importancia que tiene coadyuvar a la formación de una cultura científica, creando condiciones para poner en contacto a científicos y humanistas con el conjunto de la comunidad universitaria.”

Se trata de un espacio que promueve vocaciones científicas entre los jóvenes estudiantes, al acercarlos al avance que tiene la ciencia en México, siembra la semilla de la cultura científica, contribuye a cultivar una nueva percepción del mundo y “a reflexionar sobre el presente y el futuro desde la obra de Ruy Pérez Tamayo.”

México le debe mucho a Pérez Tamayo

Cuando la colegiada María Elena Medina Mora se inició en la carrera de psicología tuvo como profesora a una investigadora que solía ir del 10 al cero en los exámenes, pero ante la queja de los estudiantes, surgió una voz que comentaba que “no sabríamos lo que es ser estricto hasta no conocer a Ruy Pérez Tamayo: un profesor que señalaba las fallas y, al mismo tiempo, formaba, estimulaba y contaba con el respeto de sus alumnos.”

“En palabras de José Sarukhán, formador de una enorme cantidad de alumnos directos, pero también de indirectos que aprendieron en sus libros, que se convirtieron en clásicos. Escuché sus conferencias, leí algunos de sus trabajos sobre la ciencia, sus entrevistas y sus explicaciones de cómo surgió en él la pasión por el descubrimiento, por la aplicación de lo aprendido para sanar a los enfermos y la enseñanza para hacer perdurable el camino trazado.”

La ex directora del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente” ofreció un recuento de las diversas vocaciones que contribuyó a definir el doctor Pérez Tamayo, por donde pasaron personalidades como Juan Ramón de la Fuente, Arnoldo Kraus, Carlos Larralde y Roberto Kretschmer.

Recuperó también algunas ideas planteadas a lo largo de su vida, como cuando aseguró que la ciencia en México siempre ha vivido en crisis o se preguntó “cómo lograr que el número de científicos y tecnólogos alcancen la cifra crítica y el nivel de excelencia profesional que parecen indispensables para tener un papel en el desarrollo.”

Sobre todo “cómo obtener que la industria nacional apoye y patrocine, en vez de que ignore y desprecie a la investigación científica en nuestro país, en lugar de subvencionar a la extranjera, a través de la importancia de tecnología.”

Hay asuntos que no parecen tener una respuesta correcta en nuestro tiempo, como el hecho de que “no hay un interés activo de la sociedad en el desarrollo de la ciencia y, si esto no ocurre, su impacto es mínimo”; aunque al mismo tiempo existan ciertos visos de optimismo, sobre todo “porque los investigadores hemos forzado al Estado: hemos sido nosotros, los investigadores, los que lo hemos obligado a formar las instituciones que imaginamos”, afirmó Medina Mora.

“Celebrar hoy su vida es especialmente relevante”, destacó la colegiada: “frente al reto de la pandemia, cuando la ciencia, nuestro mejor aliado, ha sido desdeñada, debemos aprender a ser optimistas como él: a preservar con nuestro trabajo lo que se ha construido. México le debe mucho a Ruy Pérez Tamayo.”

En su participación, Carlos Contreras Pérez, doctor en Ciencias por la UNAM, se refirió a Ruy Pérez Tamayo como su maestro de vida, “aunque nunca me dio clases”, debido a todo lo que pudo aprender del patólogo sin necesidad de tomar alguna clase con él, aunque su fama siempre lo precedía.

“Entre las leyendas y tradiciones de la Facultad, se hablaba de que sólo al pasar el tercer año existía una mayor posibilidad de convertirse en médico: no eran suficientes todas las materias, faltaba sobrevivir a patología: el doctor Pérez Tamayo tenía alrededor de 40 años y ya había escrito el texto de la materia, y había un anhelo contradictorio: tomar la clase con el autor del libro, un profesor durísimo y, a la vez, con quien ibas a aprender mucho.”

“Por otro lado, estaba el temor a ser desechado en ese proceso de selección natural. Afortunadamente, su grupo se llenaba casi de inmediato, pero no había escapatoria, los exámenes eran departamentales y muy duros, nos pasábamos días estudiando ese libro de patología.”

Quien fuera director de Investigaciones de la Universidad Veracruzana, rememoró que no se veía a menudo a don Ruy, y nos quedamos con la idea de que alguien todopoderoso había escrito un libro, siendo muy joven, y daba una lección de lo que debíamos saber y cómo lograrlo, “dejando para siempre la mediocre idea de simplemente aprobar una materia.”

“Se comentaba sobre sus respuestas rápidas, inteligentes, congelantes, un compañero de estudios había reprobado varias veces la materia de patología y necesitaba ir por su calificación del examen extraordinario con el doctor Pérez Tamayo: me pidió que lo acompañara, nos asomamos al cubículo del maestro, y mientras entraba sólo escuchó ‘usted está consumiendo inútilmente el oxígeno de esta habitación’; cuando mi compañero logró dar la vuelta y salir, sin respirar. Hasta entonces nos dimos cuenta que la lista de calificaciones estaba en la puerta.”

Esos fueron los años de aprendizaje, después vinieron otros de colaboración, de amistad, del conocimiento del sentido del humor del doctor Ruy, de su sabiduría musical, no sólo del médico, del personaje que siempre escribe para “ese inquieto investigador que todos llevamos dentro”, en palabras de Carlos Contreras.

La segunda sesión de la Cátedra Ruy Pérez Tamayo, El pensamiento científico y humanista de Ruy Pérez Tamayo, se llevará a cabo a partir de las 5:00 pm de hoy, con la presencia del colegiado Alejandro Frank, y los investigadores Víctor Alcaraz Moreno y Norma Bagatella Flores, con transmisión en las distintas redes sociales de la Universidad Veracruzana.