SIN FE EN ERRATAS: TE ODIO PERO TE NECESITO…AMLO y el hampa del periodismo

Deporte

Carlos Gálvez    

Debido a la publicación del listado de periodistas y medios beneficiados por la nómina gubernamental de Peña Nieto, surge una gran necesidad de tocar el tema desde una perspectiva un poco más equilibrada, que permita entender la estrecha relación entre la política y los medios de comunicación, la cual no se puede medir con simplezas como: “buenos y malos, fifís o hampa”

La política y en específico la administración pública, emplean un tipo de comunicación caracterizada por el intercambio y contraste de ideas, contenidos o acciones que son de interés público, producidos por diferentes actores (sistema político, el sistema de medios y el ciudadano).

Cada gobierno tiene su particular forma de comunicarse y de relacionarse con los actores del proceso comunicativo, tomando en cuenta que la dificultad de gobernar y de cumplir promesas de campaña en condiciones de violencia extrema, incertidumbre económica y debilidad institucional, derivan en la polarización de la opinión pública,  intensificada por contiendas mediáticas donde participan distintas empresas periodísticas ya sea por inercia, por empatía con los actores políticos o por interés económico.

AMLO ha elegido privilegiar a la comunicación directa con el ciudadano, a través de sus conferencias matutinas y las denominadas consultas ciudadanas, que sin lugar a dudas son un avance e innovación en el modelo comunicacional al que tradicionalmente nos habían acostumbrado los gobernantes (la efectividad y su correcta implementación será un tema a tratar en otra ocasión).

El sistema de medios y el sistema político, han entrado en una relación extraña de tipo “tóxica” -dijeran los millennials-, en la que no han terminado de entender el reacomodo de fuerzas, pero sobre todo, la dimensión comunicativa que ambas partes tienen que ofrecer a la ciudadanía.

Los medios son necesarios para difundir los programas, avances y alcances de la administración pública, a su vez, los gobiernos pagan espacios de publicidad en los medios, definen criterios, otorgan permisos y concesiones para el funcionamiento de éstos, existiendo una relación intrínseca que va más allá de la simple producción de mensajes a favor o en contra del gobierno, teniendo que ver en mayor medida con la implementación de políticas públicas, las cuales necesitan  de una intencionalidad y agenda comunicativa para poder medir o evaluar su efectividad.

Llamar a la prensa “fifí” o denominarlos como “hampa”, es un grave error de la actual administración, el cual se podría calificar como un mecanismo de posverdad (que según el diccionario de Oxford: denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal), tan dañino, pero tan usado en distintos medios de comunicación como sistemas políticos.

La publicación de la lista de periodistas y empresas mediáticas que recibieron algún tipo de pago durante el sexenio de EPN, viene a reforzar (erróneamente) estos conceptos utilizados por AMLO.

Debe quedar claro que no pretendo, exculpar o brindar atributos éticos  a los que aparecen en dicha lista, sin embargo, el publicar el listado sin realizar las aclaraciones pertinentes respecto al rol de los medios y del gobierno, a la legalidad y legitimidad de los pagos o en su caso denunciar institucionalmente las acciones que se puedan considerar como irregulares, genera confusión, apagando automáticamente las voces y plumas más democráticas que pueden y deben cuestionar al gobierno en turno.

Por su puesto que no es coincidencia que los personajes que más atacaron y lo siguen haciendo, al hoy titular del Ejecutivo, hayan sido de los más beneficiados en cuanto a dinero recibido por la administración Peñanietista, tampoco resulta extraño que mucha de la información vertida a través de sus portales, esté llena de imprecisiones, calificativos negativos, o acusaciones perniciosas que intentaban inhibir el voto o pretenden disminuir la popularidad del hoy presidente, características propias de la posverdad a la que también recurre Obrador.

La publicación de la lista, refleja más que solo evidenciar al “hampa del periodismo”, ya que refiere de manera directa a 2 puntos trascendentales para el funcionamiento del sistema de medios en México:  1.-  la economía política de los medios, es decir la utilización de recursos públicos (incluyendo concesiones y regulaciones) para su funcionamiento y 2.-  la psicología de la audiencia masiva, o lo que es lo mismo; el gusto por cierto tipo de contenidos y el  impacto real que los mensajes emitidos tienen para con la sociedad y la formación de opinión pública.

Para aclarar el  primer punto recordemos que el acceso a la información, opiniones y demás contenidos publicados por los portales en internet, revistas, periódicos, canales de televisión, radiodifusoras, etc., es casi gratuito para el usuario,  prender la tele y obtener la opinión de Ricardo Alemán o López Dóriga no tiene ningún costo monetario para el público consumidor, como tampoco cuesta sintonizar la radio y escuchar a “callo de hacha”, o comprar un periódico  a un costo marginal, (comparado con lo que realmente cuesta la producción de un diario a nivel nacional) y leer a Pablo Hiriart, los costos de producción son pagados previamente por la publicidad, independientemente si los recursos son privados o públicos, por lo que la línea editorial no es tan libre como se pudiera pensar, debido a que existen transacciones económicas que indirectamente pudieran generar el sesgo editorial.

Por otro lado, la elección de consumir el contenido descrito anteriormente tiene que ver más con los gustos, emociones, ideas y estructura sociocultural de la audiencia, que con la cantidad de recursos invertidos, toda vez que el consumo es un acto de voluntad en el que el espectador no es un ente indefenso susceptible a ser moldeado por el simple hecho de escuchar una opinión de cualquiera de los personajes involucrados en la lista.

Tan es así que si hiciéramos una evaluación del costo-beneficio entre lo pagado y los resultados electorales, veríamos que no influyó en absolutamente nada, es más, tendrían que regresar el dinero debido a que su producto no funcionó.

Evidenciar el mal manejo en la utilización de recursos públicos en publicidad de medios es un acto de transparencia, calificar de “fifí” y “hampa periodística” a la prensa opositora o crítica del sistema es un acto de revancha, no hacer las aclaraciones pertinentes en cuanto a la necesidad del gasto público en los medios, es un acto de incongruencia.