TAL CUAL: Geografía, migración y pobreza

Luis Carlos Rodríguez González
Nacer, vivir y morir en la miseria parece ser la condena para millones de mexicanos que viven en estados como Guerrero, Chiapas o Oaxaca, quienes luchan contra su entorno, las nulas o escasas posibilidades de movilidad social, contra la miseria ancestral, la ausencia de infraestructura como hospitales y escuelas, en contra de la corrupción y la explotación laboral.El determinismo geográfico es una variante del determinismo que considera que el medio geográfico constituye el principal control de la vida humana. Parecería una teoría pasada de moda, pero en los estados con más atraso social y económico del país, 85 de cada 100 personas de origen muy pobre no pueden superar la miseria durante su vida.
Hace unas semanas el Centro de Estudios Espinoza Yglesias (CEEY) en su informe Movilidad Social en la CDMX 2019, expuso lo que ha significado por décadas para millones de familias el salir de sus comunidades rurales de origen hacia las ciudades mexicanas o Estados Unidos. En este caso en especifico emigrar hacia la Ciudad de México.
Tan claro como esta cifra: En la Ciudad de México 59 de cada 100 que nacen en pobreza logran superar esa condición. Es decir, el hecho de que nuestros padres o abuelos hayan decidido dejar zonas rurales de Michoacán, Jalisco, Guerrero, Chiapas o Oaxaca, entre otros estados, fue prácticamente un seguro de movilidad social, de superar la pobreza y en el mejor de los casos de acceder a educación superior.
El director ejecutivo del CEEY, Roberto Vélez, argumenta en el estudio que esta movilidad social es muy superior que en el resto del país. En todo México, 74 de cada 100 mexicanos que nacen en la base de esta escalera, es decir de mayor marginación, no logran superar la condición de pobreza.
La Ciudad de México fue receptora de grandes sectores de población rural entre las décadas de 1940 a 1970, cuando el país experimentó un crecimiento económico sostenido, con cierta consistencia del tipo de cambio y una inflación en general baja, que dio lugar a términos como “desarrollo estabilizador” y “milagro mexicano”. Es ahí y aún en los 80´s cuando se dio una gran migración a la capital y otras ciudades como Monterrey y Guadalajara.
El estudio de CEEY revela que además de que la CDMX sigue siendo un paraíso para la movilidad social, también es cierto que persisten temas como el racismo y la discriminación laboral hacia las mujeres.
Si una mujer y un hombre nacen en hogares pobres, ella tendrá menos probabilidades que él de escapar de la pobreza. El 76 por ciento de los hombres en la CDMX participan en el mercado laboral, frente al porcentaje de 46 por ciento de mujeres. Desciende a 38 por ciento si la mujer tiene hijos menores de seis años.
En el tema del racismo, aún con los slogans y campañas de que somos una Ciudad de Vanguardia, donde se vela por los derechos de todas y todos, el estudio indica que la capital no es la excepción en lo que respecta a la relación entre movilidad, nivel socioeconómico y color de piel: los capitalinos de tono más oscuro experimentan menor movilidad ascendente y mayor movilidad descendente respecto de quienes tienen un tono de piel más claro.
“En la Ciudad de México -en donde las oportunidades son más iguales—, el tono de piel pesa más del doble para determinar los logros de las personas que en cualquier otra región del país”. Tal Cual.
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