Anoche, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, se realizó la presentación editorial de los Premios Nacionales Tierra Adentro 2018.
Durante el evento, Nestor Isay Pinacho Espinosa (Ciudad de México, 1992), ganador del Premio Nacional de Novela Joven José Revueltas, dijo sobre su obra, De las cenizas en la tierra, que en esta se representan todos los no lugares de nuestro país y se da voz a aquellos olvidados por la justicia y la memoria colectiva.
El autor tiene una clara influencia de Juan Rulfo, y expone, desde la ficción, sin sutilezas ni concesiones, el desgarrador contexto de una comunidad de algún rincón del país.
Por su parte, David Espinosa Álvarez (Quintana Roo, 1988), autor de Nido de serpientes y acreedor del Premio Nacional de Novela Gráfica Joven, señaló: “Me gusta el detalle para crear mis personajes y su entorno. Aquí hay una trama humorística. Hablo del fin del grupo de rock Los Macehuallis. Todo es humor”.
Amante del horror, Gerardo Lima Molina (Tlaxcala, 1988) escribió el libro Cosmos nocturno, ganador del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri. Inspirado en la obra del pintor Zdzisław Beksiński y producto de una vorágine de sensaciones, tal como afirmó el autor, la obra cuenta con 21 relatos poblados por seres extraordinarios que crecen en mundos apocalípticos y escenarios fantásticos. Su obra recuerda a Stanisław Lem y Philip K. Dick.
La Castellane errante, de Pablo Piceno (Wolfsburg, Alemania, 1990), destaca por su calidad y por su crítica hacia los problemas que acarrea la globalización, tales como la migración, la pobreza y la marginalidad.
Los poemas que conforman la obra acreedora al Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino, comentó Piceno, beben de diversas fuentes para devolver al lector una voz singular en la que residen distintos tonos: uno profundo, resultado del conocimiento de que algunos procesos migratorios conllevan violencia, y otro irónico y burlón, el cual devela algunos de los sinsentidos de la historia, la personal y la descrita en los libros y periódicos.
El Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay se le adjudicó a Aldo Rosales Velázquez (Ciudad de México, 1986) el año pasado por la obra Linde faz, debido a que en su libro aborda con certera capacidad de observación y análisis el ámbito de la lucha libre, además de que devela el lado humano de este deporte y del box.
Mientras tanto, Isabel Vázquez Quiroz (Campeche, 1988) ganó el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo, por la puesta escenográfica Valentino Clemens y los chicos perdidos del Wonder-nada. Su obra, junto con la de las cuatro finalistas del certamen, se compiló en la obra Teatro de la Gruta XVIII.
Por su estilo nítido y potente, Hiram Ruvalcaba (Jalisco, 1988) obtuvo el Premio Nacional de Cuento Joven Comala. Los cuentos de su libro, La noche sin nombre, a decir del autor, son un desafío a la conciencia. “¿Por qué lo digo? Vayan y lean el libro”, bromeó.
Adrián Chávez (Estado de México, 1989), ganador del Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez por el libro Strauss quería pastel, se expone como un crítico audaz y mordaz, ya que, entre otras cosas, en su creación, Shakespeare convive con los Power Rangers.
Cabe señalar que el Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras / Border of Words fue declarado desierto.