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Se necesitan científicas

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Menos del 30% de los investigadores de todo el mundo son mujeres. Muchos de los grandes problemas que afronta el mundo pueden quedar sin resolverse por la falta de incentivos de muchas mujeres y niñas para estudiar carreras científicas.

El papel de la educación en las ciencias está cambiando y no puede subestimarse. Se calcula que el 90 por ciento de los futuros trabajos requerirán una formación en tecnologías de la información y la comunicación, y que las categorías laborales que tienen una creciente oportunidad profesional son las relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

Según recientes estudios, esas categorías crearán 58 millones de puestos de trabajo.

Pero las mujeres y las niñas continúan estando muy poco representadas en las ciencias. Los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) muestran que menos de un tercio de las estudiantes eligen carreras vinculadas a ciencias, tecnología, ingeniería o matemáticas, y que solo un 3% escoge carreras relacionadas con la tecnología de la información y las telecomunicaciones.

La inteligencia artificial se está convirtiendo en una disciplina importante, donde se ha identificado la diversidad como un elemento crucial para asegurar que esté exenta de prejuicios de género. Sin embargo, el Foro Económico Mundial señala que sólo el 22% de los profesionales en esta área son mujeres.

Esta desigualdad en las ciencias se produce por varias razones, desde priorizar este tipo de educación en los niños, a los prejuicios de género y estereotipos, pasando por la brecha digital mundial (la separación que existe entre los países que tienen más acceso a internet y sus servicios y los que menos), que castiga desproporcionadamente a las niñas y las mujeres.

Falta de reconocimiento

La magnitud en que el mundo sigue perdiendo potencial científico femenino se vuelve aún más evidente si nos fijamos en la extraordinaria contribución de las mujeres en los avances científicos y, que a menudo, se pasan por alto.

Valgan como ejemplo Marie Curie, la pionera en computación Ada Lovelace, la científica de la NASA Katherine Johnson y muchas otras más cuyo trabajo continúa pasando desapercibido.

Esta tradición de excelencia científica femenina continúa hoy en día. Por ejemplo, en Sudáfrica, Kiara Nirghin ha desarrollado un polímero superabsorbente único que mantiene cientos de veces su peso en agua cuando se almacena en el suelo.

El descubrimiento fue su respuesta a las peores sequías que sufrió el país en más de 45 años. El polímero es barato, biodegradable y se fabrica en su totalidad con desperdicios. Aumenta la posibilidad de que las plantas mantengan un crecimiento sostenido del 84% durante sequías, y puede aumentar la seguridad alimentaria en un 73% en las áreas afectadas por desastres.

En reconocimiento a su trabajo, Kiara recibió el Gran Premio de la Feria de Ciencias de Google y fue una de las finalistas regionales de la Jóvenes Campeones de la Tierra en 2018 con solo 18 años. Esta competición está auspiciada por la ONU y premia las ideas innovadoras para preservar el medio ambiente.

Khayrath Mohamed Kombo es aún más joven. Con solo 15 años, Khayrath, de Dar-es-Salaam, Tanzania, participó el pasado mes de agosto en el primer Campamento de Codificación en Addis Abeba, Etiopía, junto a más de 80 niñas de 34 países africanos.

Durante el evento se lanzó la iniciativa “African Girls can code” (Las chicas africanas pueden codificar), un programa conjunto de la Comisión de la Unión Africana y la Unión Internacional de Telecomunicaciones.

“Cuando supe la noticia me emocioné porque mi sueño es aprender más y ampliar mis conocimientos”, dijo Khayrath, la única chica del club de informática en su escuela.

Durante los cuatro años de duración del programa, unas 2000 niñas recibirán capacitación como programadoras, creadoras y diseñadoras que servirán como los primeros pasos para iniciar posteriormente su educación en carreras relacionadas con las tecnologías de la información y la codificación.

Otra de las participantes en el campamento, Rebecca Azanaw, pudo compartir sus experiencias y ambiciones este fin de semana con el Secretario General de la ONU, António Guterres, en el marco de la Cumbre de la Unión Africana que se celebra en Addis Abeba, Etiopía.

“Estoy muy orgullosa de haber sido una de las primeras chicas africanas que formó parte del campamento. Fue una oportunidad para empezar a codificar en serio“, dijo.

Si no hay más niñas y mujeres que se unan a estas profesiones, las relaciones de poder del mundo seguirán estando muy dominadas por los hombres.

Tras el campamento, Azanaw ha continuado perfeccionando sus habilidades en el lenguaje de programación Python. Actualmente ha fundado un club de codificación en su escuela, la Andinet International School, en Addis Abeba, y comparte sus nuevas habilidades con otras jóvenes.

“Quiero que otras chicas sepan que pueden conseguirlo. Si quieren, es posible alcanzar sus logros”, añadió.

Con relación a esta iniciativa, Guterres quiso destacar que “si no hay más niñas y mujeres que se unan a estas profesiones, las relaciones de poder del mundo seguirán estando muy dominadas por los hombres”

Hay que romper el techo de cristal

Aunque las mujeres todavía se enfrentan a numerosos obstáculos que nos les permiten alcanzar su pleno potencial en las ciencias, Lisa Harvey Smith piensa que, para muchas mujeres, las barreras son sociológicas y psicológicas, pese a estar desapareciendo.

Harvey Smith, que se graduó como astrónoma, es profesora de Práctica en Comunicación Científica y embajadora del Gobierno de Australia para las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas.

En una entrevista exclusiva con ONU Noticias, la profesora Harvey Smith destacaba que, con el asesoramiento, las redes y el apoyo adecuados, las mujeres pueden “atravesar el techo de cristal” y hacer “un trabajo sensacional”.

En referencia a las funciones de la inteligencia artificial, añadió que necesitamos “diseñarlas teniendo en cuenta tanto a hombres como a mujeres, que representen a todos los ámbitos de la sociedad y a personas de todo el mundo, para asegurarnos de que toda la humanidad puede beneficiarse de ellas”.

Esta cuestión es un tema de gran importancia para la edición de este año del Día Internacional de la Mujer y la Ciencia, que se celebra cada 11 de febrero y tiene como lema “Invertir en las mujeres y las niñas en la ciencia para un crecimiento verde incluyente”.

Para conmemorar el día, el Secretario General de la ONU, António Guterres, publicó un vídeo en el que describió la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia como “vital” para alcanzar la Agenda para el Desarrollo Sostenible de 2030, ya que “el mundo no puede permitirse el lujo de perderse las contribuciones de la mitad de nuestra población”.

Amplia red de iniciativas

ONU Mujeres y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, la mayor iniciativa de sostenibilidad empresarial del mundo, trabajan conjuntamente para mejorar esta situación.

Ambas organizaciones han pedido al sector privado que se comprometa con la igualdad de género mediante la firma de los Principios para el Empoderamiento de la Mujer, argumentando que la diversidad de género ayuda a las empresas a obtener mejores resultados.

En una declaración conjunta de ONU Mujeres y la UNESCO, los dos organismos de las Naciones Unidas expusieron las formas en las que están abordando la falta de representación de las mujeres en la ciencia, mediante iniciativas como el Programa L’Oréal-UNESCO para la Mujer y la Ciencia, la Organización de Mujeres Científicas del Mundo en Desarrollo y el proyecto de ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas y fomento de la igualdad de género.

Asimismo, destacaron que menos del 30% de los investigadores de todo el mundo son mujeres y que hay muy pocas mujeres en puestos de toma de decisiones y en los empleos mejor remunerados de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Valga como ejemplo que las mujeres ganan sólo un nuevo trabajo en esas cuatro ramas científicas por cada veinte perdidos, mientras que los hombres logran un nuevo trabajo por cada cuatro perdidos.

Las mujeres necesitan ocupar su lugar en la cima de la ciencia.

La mejora de las políticas de contratación, retención y ascenso, así como el aprendizaje continuo y la mejora de las cualificaciones de las mujeres, pueden contribuir en gran medida a reducir esta diferencia.

Pese a que todavía queda mucho trabajo por hacer, durante la última década se han hecho grandes progresos para aumentar el acceso a la educación en todos los ámbitos y las tasas de matriculación en las escuelas, en particular de las mujeres y las niñas.

En cuanto al papel que tienen que desempeñar en las ciencias, la profesora Harvey Jones tiene un mensaje claro: “La ciencia, la tecnología y las matemáticas son para ti porque necesitas cambiar el mundo. Las mujeres necesitan ocupar su lugar en la cima de la ciencia, necesitamos usarlo para el bien y cambiar el mundo a mejor, y tú puedes hacerlo”.