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Una manera distinta de leer...

Rinden homenaje póstumo a José García Ocejo en el Museo de Arte Moderno

Libre, romántico, cinéfilo, melómano, así recordaron al pintor José García Ocejo, durante el homenaje póstumo que se le rindió al pintor veracruzano en la Sala Fernando Gamboa del Museo de Arte Moderno.

Al inicio de la mesa, Mercedes García Ocejo, hija del artista, presentó un video con una serie de conversaciones que mantuvo con su padre durante su estancia en París: Este es un homenaje para recordar las facetas del ser humano y el artista, de su personalidad. Sería bonito ver quién es el artista, quién es la persona, para, una vez tener su retrato, empezar a ubicar la reflexión.

“Tuve la oportunidad y el privilegio de vivir en Francia como corresponsal por varios años de mi vida y mi papá aprovechaba esa circunstancia para ir conmigo siempre que podía. Hicimos una vida muy plena juntos; creo que fuimos buenos amigos y eso era un gran privilegio”, dijo al destacar que la grabación recupera momentos de conversaciones que se dieron en 1991, donde el pintor habla de su quehacer.

 Estoy en paz con la vida

 Durante la proyección, se miró a un artista vital. Sentado, leyendo junto a la ventana, habló sobre su infancia, la arquitectura, la música y el romanticismo: “Mi tendencia hacia la pintura era muy clara desde niño”, recordó y agregó que durante su etapa formativa sus padres lo “mandaron a estudiar arquitectura, pero ellos se daban cuenta que yo quería ser pintor.

“Vivo de la pintura”, sentenció el artista en otro momento. “Viví de hacer retrato, hasta que me harté y empecé a buscar mi propia personalidad, porque un pintor bueno es a quien reconoces sólo con ver una pintura de él. Sin darme cuenta me convertí en un enamorado del arte romántico, algo que no encontré en México”.

Sobre el quehacer, señaló que un buen artista utiliza la composición, el color, la textura, el concepto, el dibujo anatómico: “esto es lo que se necesita para hacer buenos cuadros. El trabajo de pintor es solitario, es un diálogo con uno mismo. Cuando  pinto hago muchas cosas, soy un apasionado observador de la vida, de la gente. Nací para pintar”.

Su pintura fue irreverente, porque nace de una autonomía plástica

 Durante la charla, Rafael Pérez señaló que García Ocejo fue un precursor de la pintura erótica: Olga Dondé, José García Ocejo y Corsas fueron tres artistas en los sesenta, quienes empiezan a tratar los temas eróticos de manera explícita. Hay que recordar que en la obra de García Ocejo sobre Carmen hay personajes travestidos, dijo.

“Es una Carmen que se adelanta a su tiempo. Toda la obra de él tenía una carga erótica fuerte, porque él era un esteta en la apreciación del cuerpo. Su pintura fue irreverente, porque nace de una autonomía plástica. No respondía a ningún movimiento, ni a una idea sobre la plástica: era auténtico. Hablar de García Ocejo es hablar de un artista precursor del arte erótico mexicano”.

El artista Emilio Cárdenas, amigo del desaparecido pintor, señaló que la Zona Rosa y el Instituto Francés de América Latina son espacios importantes para entender al artista, ya que él fue uno de sus personajes. “Esto fue porque la Zona Rosa es la expresión del mundo de los sesenta, época de la píldora anticonceptiva, que permitió una libertad erótica, la cual expresó García Ocejo en su pintura. Fue una libertad, no de retratista; pintó de todas las maneras posibles”.

En su momento, la crítica Elia Espinosa afirmó que José García Cejo fue más allá que los de la generación de la Ruptura: Fue de una potencia mucho mayor por los elementos que sintetizó históricamente hablando, los elementos que tomó de la historia del arte y cómo los trabajó, los amasó en su pintura de un modo muy diferente a los del grupo rupturista. “Me parece que el maestro fue un romántico, fue el último de los rupturistas, pero fue un universo totalmente aparte de cualquier rupturismo o tendencia de época.

Comentó que García Ocejo fue “un artista romántico, pero al final de otro fin de siglo. Su decadentismo no es peyorativo, sino que está fincado en el pasado. Su romanticismo es por el desbordamiento de la añoranza de otros tiempos que cita él en su pintura, tiempos atemporales, como los mitos, las figuras ideales de la mitología y todo el bagaje operístico, instrumental, en la danza, que se va haciendo a través de su práctica artística y de su gran vitalidad que desplegó.

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