Entre las múltiples historias que se relatan de la Muy Noble, Insigne y Leal Ciudad de México en su vida virreinal abundan las de terribles inundaciones. Una de ellas, escrita en un cuadernillo del siglo XVIII que resguardan las monjas Concepcionistas, cuenta que la Virgen Dolorosa, que se veneraba en el coro bajo del Real Monasterio de Jesús María, salió del templo en 1714 para cerrar las puertas, y detuvo la inundación al momento en que el líquido subía hasta dos metros.

Fue el domingo 1 julio de aquel año cuando se observó que la túnica carmesí y el manto azul de la Virgen estaban mojados “un cuarto hacia arriba”. Según la tradición oral y el cuadernillo antiguo que poseen las monjas, la Iglesia en esa época hizo varias investigaciones y comprobó que la imagen “cobró vida” para proteger la ciudad. Hoy esa escultura es de los pocos objetos conservados del antiguo convento concepcionista, luego de la exclaustración en 1861. La pieza es restaurada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a petición de las monjas que hoy integran el Convento de Jesús María.

La Virgen María es una de las iconografías más representadas en el catolicismo, después de la figura de Cristo, por eso la intervención de esta pieza se enmarca dentro de un proyecto integral de restauración y un trabajo interdisciplinario que analizará la escultura desde el punto de vista de la estética, la historia, la antropología e incluso la teología.

La Virgen de la exclaustración

El proyecto multidisciplinario es encabezado por la restauradora perito de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, Judith Katia Perdigón Castañeda, quien explica que la pieza data del siglo XVIII, es una talla en madera policromada del tipo candelero o vestidera.

En tanto, la historiadora Nuria Salazar comenta que la pieza es históricamente importante por el acontecimiento que resalta la narrativa oral y la documentación escrita respecto a la inundación de 1714, y por ser de los pocos bienes muebles que se tienen registrados de uno de los conventos más importantes de la Nueva España.

La historiadora destaca que a más de cuatro siglos de su fundación (1580) y a pesar de los estragos del tiempo, la iglesia y parte del Convento de Jesús María siguen en pie como uno de los espacios más representativos del virreinato, declarado Monumento Histórico el 9 de febrero de 1931.

La hermana Jazmín de María, actual vicaria del Convento de Jesús María, comparte más datos sobre la pieza, única imagen que nunca dejaron las monjas del antiguo monasterio, luego de la exclaustración de 1861 como consecuencia de las Leyes de Reforma:

“No sabemos cómo las hermanas de aquella época lograron sacar a Nuestra Señora de las Aguas del antiguo edificio, pues no es pesada, pero sí resulta difícil de manipular por su tamaño y estructura”, comenta la vicaria.

“El caso es que las Concepcionistas salieron de Jesús María con la Virgen y se refugiaron en la comunidad religiosa de Regina Coelli, hasta su exclaustración definitiva, en 1866. A partir de entonces procuraron vivir juntas, así lo constatan recibos de pago de la Tesorería; la Virgen permaneció con ellas hasta que murió la última hermana, quien encargó la escultura a su familia.

“En 1963 se logró la restauración de la comunidad religiosa y entonces la superiora solicitó la ayuda del obispo para recuperar la imagen, así está consignado en una carta que guardamos en el archivo histórico; junto con otra misiva, en la que la familia les devuelve la Virgen hacia 1974”, comenta la vicaria.

Las monjas de Jesús María también conservaron dos libros de actas donde se anotaban las procesiones: el primer tomo abarca de 1580 —cuando se fundó el convento— a 1780, y el segundo de esta fecha a 2019; el libro de registro de misas de los sacerdotes, que data de 1869 y algunos otros documentos del antiguo convento, entre éstos las bulas de ordenanza de fundación de Jesús María, que son dos hojas largas y su copia, y un manuscrito con la autorización del virrey para hacer colectas a fin de crear el establecimiento; así como el registro de la superiora y diversos objetos de la eucaristía, comenta Jazmín de María.

Asimismo, conservan el vestido que portaba la Virgen en 1714, mencionado en el milagro, recientemente restaurado en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) del INAH.

Intervención multidisciplinaria

“Nuestra Señora de las Aguas” fue trasladada a los talleres de la CNCPC del INAH para su intervención y estudio, acompañada de las monjas del convento de Jesús María, quienes en todo momento han estado al pendiente del avance.

La investigación se desarrollará en varias fases, explica Perdigón Castañeda. Se realizará un registro fotográfico y análisis de materiales, a fin de conocer su técnica de manufactura y deterioro, utilizando como apoyo estudios de tomografía computarizada y radiografías, además de otras técnicas específicas para identificar madera y capas pictóricas, entre otros elementos constitutivos.

La especialista advierte que el estado de conservación estructural no es severo. El principal problema, dice, es estético: se le colocó una cabellera rojiza e indumentaria que no corresponde a su época, y su encarnación original sufrió modificaciones.

La advocación de la escultura, de acuerdo con su iconografía original, es de Virgen Dolorosa, ya que muestra el rostro con lágrimas, refleja dolor por el sufrimiento de su hijo, lleva sus manos entrelazadas a nivel del pecho y porta una daga que apunta al corazón.

Uno de los objetivos principales de este proyecto es devolver a la escultura su belleza original y su iconografía; durante la fase de intervención se eliminarán elementos ajenos a la obra original, se otorgará estabilidad a la pieza, además de dar pautas para su montaje en la capilla donde se venera.

Perdigón Castañeda explica que a la par de la intervención y análisis se desarrolla una investigación histórica para saber quién es “Nuestra Señora de las Aguas” desde su iconografía y su devenir histórico, así como entender la relevancia que tiene en el Convento de Jesús María y conocer la perspectiva teológica. La restauradora perito señala que la escultura es de interés por su tecnología, aunque presente diversas modificaciones que cambiaron su estética con el paso del tiempo.

La investigación histórica tiene diversas vertientes, tanto el conocimiento del convento como de la propia factura de la escultura, e incluso sobre el lugar y época del presunto milagro. Según cuenta la historia oral, los indios fueron quienes comenzaron a llamarla “Señora de las Aguas”, al verla caminar sobre la anegación de aquel verano del siglo XVIII.

En tanto, el estudio antropológico, encabezado por Bernardo Robles Aguirre, jefe del posgrado en Ciencias Antropológicas de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), tiene la finalidad de describir, analizar y comprender cómo se significa, representa y apropia la imagen de la Virgen por el grupo que hoy la venera; entender los rituales en los que se encuentra, tanto en el plano religioso como terapéutico, mágico o mitológico, toda vez que la pieza es objeto de culto público en la capilla del convento de las concepcionistas.

Así también se investiga si a través de “Nuestra Señora de las Aguas” se entreteje el discurso de la narración histórica del convento, ícono de la cultura novohispana en la Ciudad de México.