Principal Cultura Publican catálogo de “Momias. Ilusiones de vida eterna”, exposición que permanecerá hasta...

Publican catálogo de “Momias. Ilusiones de vida eterna”, exposición que permanecerá hasta el 30 de junio

120
Compartir

Momias. Ilusiones de vida eterna, exposición que hace una reflexión sobre el concepto de la muerte en México a través del tiempo, a la par que exhibe una colección única de cuerpos momificados procedentes de distintas zonas del país, extenderá su permanencia en el Museo de El Carmen, hasta el próximo 30 de junio. El catálogo de esta muestra fue presentado como testimonio “perpetuo” del interés que ha despertado: a la fecha ha sido visitada por 19 mil personas en cinco meses de exhibición.

En diálogo con el público, los curadores de esta interesante exposición que conjuga arqueología, historia y antropología física, hablaron de los objetivos de la misma. Bajo la moderación de la directora del museo, Eva Ayala, la presentación de la publicación se convirtió en una oportunidad para dar a conocer los avatares y entretelones de un montaje de estas características, que supone estrictos controles de temperatura y humedad para la conservación de las momias, y para la propia salud del visitante.

Los investigadores de la Dirección de Antropología Física (DAF) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Eva Gabriela Salas y José Concepción Jiménez, explicaron que hasta hace unos años se creía que sólo en el norte del país había presencia de restos humanos momificados, percepción que ha cambiado tras el desarrollo de trabajos arqueológicos.

Ambos expertos dijeron que es más fácil citar los estados en los que, hasta el momento, no se han registrado materiales de este tipo: Baja California, Nayarit, Colima, Guerrero, Veracruz, Tabasco, Campeche y Quintana Roo. En el resto del territorio nacional (más del 80 por ciento), sí se tiene registro de cuerpos momificados.

Momias. Ilusiones de vida eterna —explicaron— permite observar las variaciones en la disposición del cuerpo inerte, a lo largo del tiempo.

Así, el rito mortuorio prehispánico intenta reflejarse con la exhibición de “Pepita”, una de las momias más antiguas de México (2300 a.C.), correspondiente a una niña de dos años y medio descubierta en una cueva de la Sierra Gorda queretana; y con momias procedentes de las cuevas de Guerrero, municipio de Chihuahua, las cuales se hallaron envueltas en petates con cordeles hechos de fibra y cabello humano, el cual, de acuerdo con las creencias de los rarámuris, debe ser de algún familiar cercano.

Ya en la época virreinal, con la consolidación de la fe católica, los cadáveres serían dispuestos en posición cristiana, de forma vertical y con las manos entrecruzadas sobre el pecho. Los cuerpos momificados del Templo de Santo Domingo, Zacatecas, expuestos ahora, muestran cómo —dependiendo de la edad del difunto y su posición en la sociedad— se les amortajaba con una ropa especial que podía imitar la indumentaria de un santo o virgen de su devoción.

José Concepción Jiménez comentó que la idea de los panteones civiles prosperó en el siglo XIX, con el fin de evitar la propagación de enfermedades, malos olores y contaminación del ambiente. Ejemplo de estos grandes panteones es el del Señor de la Misericordia, en Encarnación de Díaz, Jalisco, donde distintos factores han permitido la momificación natural de un buen número de cuerpos dispuestos en tumbas y gavetas, entre ellos destaca el de “Doña Martha”, a quien se inhumó vestida con su delantal y su cigarro, testimonios de afanes y pequeños placeres cotidianos.

El antropólogo físico abundó que, gracias a los estudios desarrollados en la DAF con distintas colecciones de cuerpos humanos momificados, ha sido posible determinar que los minerales de la tierra no determinan en sí la momificación natural. La clave para la preservación del cuerpo estaría en la ausencia de oxígeno, anotó.

Por su parte, la investigadora emérita del INAH, la doctora María del Consuelo Maquívar, y la directora del Museo del Templo Mayor, Patricia Ledesma Bouchan, dijeron a los asistentes que la intención de la sala introductoria, es abordar la transformación del concepto de la muerte. En la noción prehispánica, y particularmente bajo la cosmovisión nahua, era parte de un ciclo —de ahí que el difunto se le acompañara con ofrendas—, lo que supuso un reto a la evangelización.

La historiadora Consuelo Maquívar indicó que esa es la razón “velada” por la que la sección dedicada a la muerte en el virreinato, comience con una crucifixión: “Lo primero que lo frailes tenían que explicar a los indígenas, era que no tenían que morir sacrificados, porque Cristo se había sacrificado para la salvación del género humano, el triunfo de la vida eterna. Ése es el gran rompimiento sobre el concepto de morir”.

Momias. Ilusiones de vida eterna también es una oportunidad para admirar juntas, magnas obras que es difícil salgan de sus museos o que “siempre están de viaje”, se puede mencionar el caso del “Políptico de la Muerte”, del Museo Nacional de Virreinato —“una cajita que se desdobla y que servía para reflexionar sobre la evanescencia, sobre la propia finitud”—; o el Mictlantecuhtli, dios mexica de la muerte, del Museo del Templo Mayor.

Otra pieza extraordinaria, al ser una de las únicas dos que se conservan en México, es el túmulo que se realizó para las pompas fúnebres de don José de la Borda, rico minero y artífice de la iglesia de Santa Prisca, en Taxco (en la que se fue gran parte de su fortuna). De manera fortuita, en los años 80, la fotógrafa Dolores Dalhaus lo ubicó en el templo mientras registraba sus retablos, ahora pertenece a la colección del Museo de Arte Virreinal. Casa Humboldt.

Asimismo, sobresalen pinturas prestadas por la Pinacoteca de La Profesa, actual Templo de San Felipe Neri, en la Ciudad de México. Un ejemplo es el óleo del siglo XIX, Alegoría de la muerte, de Tomás Mondragón, que invita al espectador a meditar sobre lo perecedero de las presunciones humanas, de ahí que lleve la leyenda: “Este es el espejo que no te engaña”.

Momias. Ilusiones de vida eterna espera a los interesados hasta el próximo 30 de junio en el Museo de El Carmen (avenida Revolución N° 4 y 6, colonia San Ángel).