El día de ayer, martes 4 de agosto, una explosión de enormes proporciones, cimbró Beirut, Capital del Líbano, dejando, hasta el momento, la pérdida de 78 vidas humanas y más de 4 mil heridos, además de daños generalizados en toda la ciudad.Beirut es el principal puerto marítimo del Líbano. Es el centro comercial, bancario, financiero y académico del país. Es una de las ciudades más importantes y diversas de Oriente Próximo, dividida entre diferentes ramas cristianas y musulmanas. Su población, de alrededor de un millón de personas, es parte de la gobernación de Beirut, y una quinta parte de sus habitantes son refugiados, procedentes, en su mayoría, de Palestina y de Siria.

Líbano vive una compleja situación política, que se ha agravado por la pandemia. Debido a la explosión, la gran cantidad de lesionados ha colapsado los hospitales de la capital libanesa.  Las autoridades han calificado a la ciudad como zona de desastre.

La explosión en Beirut, la más grande de su historia, puede deberse a un cargamento de aproximadamente 2,750 toneladas de nitrato de amonio, almacenado durante seis años en un depósito en el puerto de Beirut, aparentemente sin suficientes medidas de seguridad.

México y Líbano somos naciones hermanadas desde 1878, cuando miles de libaneses abandonaron sus hogares para emigrar a México. Hoy en día, más de 500 mil personas en México son de origen libanés, y nuestro país ocupa el cuarto lugar en el mundo que alberga la mayor comunidad libanesa fuera del Líbano.

Por ello, las y los integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de la LXIV Legislatura lamentamos profundamente los hechos ocurridos el día de ayer en Beirut, y expresamos nuestra más profunda solidaridad con la República Libanesa, su población y con todos aquellos que sufren la pérdida de seres queridos en virtud de esta tragedia.