Principal Cultura O Que Arde (Fire Will Come), la mirada de Oliver Laxe

O Que Arde (Fire Will Come), la mirada de Oliver Laxe

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Tras dos primeros largometrajes en Marruecos, Todos vós sodes capitáns (2010) y Mimosas (2016), el director franco-español Laxe se sumerge en sus raíces gallegas en O Que Arde (Fire Will Come), presentada en la sección Un Certain Regard.

Cuéntenos el origen de su película.

Después de mis dos primeros largometrajes, sentí la necesidad de hacer una película en mi casa, en Galicia, en el pueblo, hoy abandonado, donde nació mi madre. Es un lugar muy importante para mí, mis cimientos. El primer recuerdo que tengo de Los Ancares se remonta a cuando tenía cuatro años. Como la mayoría de emigrados españoles, volvíamos cada verano a España. Mi abuelo nos esperaba junto a su burro para llevarnos con nuestras maletas hasta su casa, situada al final de un largo camino de cabras. Entonces accedíamos a otro mundo, en el corazón de las montañas, donde la gente vivía sumida en una aceptación humilde y dulce de la naturaleza de la que dependían, que les recordaba que sus existencias eran efímeras. Son actitudes frente a la vida que me marcaron para siempre y que intento transmitir en mi cine.

 

Cuéntenos una anécdota del rodaje.

Las secuencias de incendio las rodamos en el corazón del fuego, sumidos en infiernos inconcebibles. Tuvimos que someternos a un entrenamiento físico y teórico de bombero. Primero rodamos un primer verano con un equipo técnico reducido, sin actores, con el objetivo de hacer pruebas y comprender lo que la película nos pedía. No sabíamos si la película (rodamos en Super 16) se iba a revelar con el calor o no, si los objetivos se iban a fundir….
El verano siguiente, estábamos dispuestos a repetir la experiencia con nuestros actores. ¡Pero 2018 fue uno de los veranos más lluviosos de la historia de Galicia! Queríamos hacer una película sobre gente sometida a una naturaleza que les impone sus reglas, y he aquí que la película y la vida se mezclaban para imponernos un gran desafío. El verano se estaba acabando, los días de rodaje eran extenuantes, la conclusión correcta de la película estaba en riesgo cuando, de repente, ¡apareció el fuego! No bastaba con desear el fuego, también hacía falta que el fuego nos quisiera a nosotros.

 

Díganos algo sobre sus intérpretes.

En todas mis películas, ha sido el encuentro con personas auténticas lo que me dio ganas de encarnarlas en mis personajes. Amador fue guarda forestal. Hoy, se ocupa de los animales enfermos del bosque. En español, Amador significa «aquel que ama». Sin embargo, muchos le ven como aquel que destruye, a excepción de aquellos que no le juzgan: su madre y sus animales.
Respecto a Benedicta, que interpreta a su madre, también quise conservar su verdadero nombre, que en español significa «aquella que ha sido bendecida». Benedicta también ha sido, a su manera, una bendición para nuestra película. Esta mujer tiene 83 años…

 

¿Qué ha aprendido durante la realización de esta película?

Con cada película, uno está obligado a aprender a contener sus angustias y sus miedos, que son los peores enemigos de la creatividad. Pero con cada película, tomo conciencia de que los miedos y el control son ilusiones, que la vida elige por ti. Como si, para hacer buenas películas, hubiera que abandonarse casi totalmente a lo que quiere la vida. Es un poco aterrador y muy difícil de lograr. Es como si, para hacer buenas películas, hubiera que abrirse a algo que no eres tú, y perder el control de tu propia película.

 

¿Qué le parece el cine en España?

Voy a explicar una historia para responder.
Un día de mercado, un hombre dedicado a cortar frutas en un puesto, se da cuenta de que todas las manzanas están podridas. Indignado, se dirige al señor que vende los primeros frutos: “¡Pero estas manzanas no se pueden comer!”. El vendedor le mira fijamente, también indignado, como atónito: “Estas manzanas no están ahí para ser comidas… están destinadas a ser vendidas”.
Así es el cine español. Los cineastas de mi país viven años de plomo. Pero necesitamos realmente hacer nuestras películas, así que no esperamos a nadie. El que espera, desespera.