Nocturno a Rosario, Ante un cadáver y A Laura, poemas clave de Manuel Acuña en el siglo XIX

Nocturno a Rosario es uno de los poemas más conocidos de Manuel Acuña Narro, joven escritor que legó a las generaciones decimonónicas 80 poemas, una obra de teatro, 12 cartas y tres artículos. Manuel Acuña se desenvolvió en un ambiente romántico del intelectualismo mexicano de la segunda mitad del siglo XIX. Nació en Saltillo, Coahuila, y murió el 6 de diciembre de 1873 -hace 146 años- en la Ciudad de México, a los 24 años.
Sus restos en un primer momento fueron resguardados en el Cementerio de Campo Florido, posteriormente depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores, en la Ciudad de México. Allí permanecieron hasta 1917 cuando los trasladaron a la Rotonda de los Coahuilenses Ilustres del Panteón de Santiago, en Saltillo, Coahuila.
La carrera literaria de Manuel Acuña fue breve; inició con una elegía a la muerte de su amigo Eduardo Alzúa (1868). Ese mismo año, un grupo de poetas y escritores jóvenes, entre ellos Francisco Zarco, Agustín F. Cuenca, Juan de Dios Peza, Gerardo M. Silva, Juan B. Flores, Gregorio Oribe y Francisco Ortiz, entre otros, al lado del periodista y político Ignacio Manuel Altamirano, fundaron la Sociedad Nezahualcóyotl, cuyo propósito era buscar una literatura propia, reformar el teatro e impulsar las publicaciones.
Respecto a Nocturno a Rosario, especialistas literarios comentan que fue escrito para Rosario de la Peña. Éste es uno de los tres poemas más representativos del joven escritor, los otros dos son: Ante un cadáver y A Laura, dedicado a la poeta Laura Méndez de Cuenca.
Los poemas impresos en los Ensayos literarios de la Sociedad Nezahualcóyotl, los cuales se editaron en el periódico La Iberia, pertenecen en su mayoría a Manuel Acuña y sólo dos composiciones son de Altamirano. Los poemas que se publicaron de Acuña son: La brisa, Madrigal, Aislamiento, Dolorosa, Una limosna, Un sueño, Amor, Pobre flor, San Lorenzo, Dolora y Amar y dormir; mientras que el maestro guerrerense Ignacio Manuel Altamirano aportó El Atoyac y La salida del sol.
Entre sus primeros versos están: La brisa o La ausencia y el olvido (1868) publicados en la revista El Anáhuac (1860); además fue colaborador de revistas y periódicos, como El Renacimiento, El Libre Pensador, El Federalista, El Domingo, El Búcaro y El Eco de Ambos Mundos.
La representación del drama El pasado, significó un triunfo para el joven poeta que no era común en su época. Además de las magníficas críticas literarias.
Cabe señalar que a Rosario de la Peña le dedicó la mayor parte de sus últimos poemas y ella aparecerá como la causa del suicidio del poeta a los 24 años.