Principal Cultura Nina Wu, la mirada de Midi Z

Nina Wu, la mirada de Midi Z

123
Compartir

Tras The Road to Mandalay, el cineasta birmano se inspira en el escándalo del caso Weinstein y en el movimiento Me Too para rodar Nina Wu, un thriller psicológico en el que una joven que acaba de llegar a Taiwán para hacer realidad el sueño de convertirse en actriz se enfrenta a la repentina desaparición de otra aspirante a un mismo papel.

¿Cuál era su intención al filmar esta película?

Mi intención era hacer un largometraje que se alejara por completo de mi estilo, por ejemplo, mezclando escenas de intriga con otras del género del suspense. Era la primera vez que dirigía una película así. Nina Wu es un film de anticipación que encierra un gran dramatismo. De hecho, cuando leí el guion de Wu Kexi, la actriz principal, me quedé muy impresionado. Además, su trabajo presenta una gran originalidad. He crecido en una familia en que las mujeres tienen un rol muy importante, lo que me ha llevado a comprender bien sus emociones. Sin embargo, hasta ahora no había tenido la ocasión de filmar una película tan femenina.

 

¿Cuál es su metodología de trabajo en el plató?

Me gusta tocarlo todo. A veces, me da por ajustar la iluminación, otras por probar el material y los accesorios de rodaje… Además, también tengo mis pequeñas manías, como la de raparme la cabeza antes de empezar una película o la de quitarme toda la barba, que ya se ha convertido en una tradición reservada para cuando termino un film.

 

¿Por qué decidió convertirse en director de cine?

A los 16 años tuve la suerte de poder irme a estudiar a Taiwán. Durante ese periodo, un amigo de Birmania que iba a casarse me dio dinero para que le comprara una cámara de vídeo digital con que poder grabar la boda. Una semana después de habérsela enviado a mi amigo, me retornaron el paquete porque Birmania había impuesto un estricto control de las importaciones de productos relacionados con los medios de comunicación. Al final, esta cámara digital me acabó acompañando durante muchos años. Con ella trabajé como cámara en bodas, gracias a lo cual gané un poco de dinero. Tras participar en algunos concursos de cortometrajes me propusieron dirigir spots publicitarios. Para suplir las carencias que tenía en este campo, me puse a ver más y más películas y a analizarlas. Ahí se empezó a despertar mi pasión por este arte.

 

¿Cuáles son sus fuentes de inspiración?

Las emociones que despierta en mí mi país natal, Birmania, así como los recuerdos de infancia grabados en mi memoria. Otras de mis influencias son sobre todo Zweig, Dostoievski, Hemingway, Faulkner, Kafka y Balzac.

 

¿Qué piensa del cine de su país natal y del de su país de adopción?

Los directores taiwaneses se encuentran en una situación complicada: aspiran a unirse a los más grandes, pero no saben qué tipo de película se espera de ellos. Uno de los mayores obstáculos en la industria cinematográfica taiwanesa es la inmensa presión que existe en torno a los presupuestos.
En cuanto a Birmania, el cine que prevalece es el nacional: las películas tienen un presupuesto reducido y suelen ser de mala calidad. Además, los rodajes se hacen de manera apresurada. A pesar de ello, está empezando a surgir un tipo de cine de arte y ensayo, pero la creación cinematográfica es objeto de numerosas restricciones a causa de la censura.

 

¿Qué puede decirnos sobre su próximo proyecto?

Me gustaría adaptar la primera novela de George Orwell, Los días de Birmania. El libro trata de una historia de amor distópica y antimperialista que se desarrolla en 1920, en la selva tropical que bordea el río Irawadi. Tengo la esperanza de poder dirigir este film para volver a sumergirme en la selva birmana de mi infancia.