Tras el episodio intimista de Mia Madre (My mother, 2015), el maestro incontestable de la autoficción italiana vuelve a estar en Competición con un largometraje adaptado de una novela del autor israelí Eshkol Nevo. Tre Piani (Three Floors) examina el corazón latente de tres familias que viven en tres plantas distintas de un edificio de Roma.

Hace seis años, Nanni Moretti se puso al desnudo con Mia Madre (My mother), un drama profundamente sobrio y púdico que se nutría tanto de los trances de su vida profesional y familiar como de sus reflexiones interiores. Como para La habitación del hijo (La stanza del figlio, Palme d’or de 2001), el director relegó a un segundo plano las preocupaciones sociales o políticas ancladas en su filmografía para centrarse en el estado anímico de sus personajes. Y, a través de ellos, abrir su corazón por completo.

Tres años después del giro que supuso Santiago, Italia (2018), su primer documental, la eterna figura prominente del cine italiano regresa con Tre Piano (Three floors), una ficción adaptada de una novela del mismo nombre del autor israelí Eshkol Nevo. En un edificio del extrarradio romano viven tres familias. Entre ellas, encontramos a Lucio, un padre preocupado por su hija de siete años; Monica, una futura madre invadida por la soledad; y Andrea, un joven de veinte años cuya vida da un giro tras una noche de borrachera.

Dentro de esta galería de personajes interpretados por los mejores actores italianos del momento —aparecen sobre todo Margherita Buy, Alba Rohrwacher y Riccardo Scarmacio—, Nanni Moretti interpreta a Vittorio, un juez cuya relación con su hijo está marcada por la incomprensión. A diferencia de algunas de sus películas, en que Moretti examinaba la angustia y las obsesiones rodándolas desde el ángulo frontal, la cámara del director se sitúa aquí como observadora sin juzgar.

Con Tre Piani (Three floors), el cineasta de humor mordaz presenta una película sobre la dificultad de ser un buen ciudadano y demuestra hasta qué punto este último es la prolongación del ser íntimo que nos construimos. A través del rodaje de este mosaico de seres ofuscados, que simboliza toda la fragilidad de la unidad del pueblo italiano, Nanni Moretti demuestra una vez más el amor profundo y tenaz que siente por su país.

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