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Los recientes experimentos en el campo de la neurología revelaron lo que podría ser el fundamento biológico del liderazgo, y arrojaron nuevos datos para responder a la pregunta de si el líder nace o se hace.

El cerebro humano es uno de los misterios del universo. Una de las máquinas más sofisticadas. ¿Qué correlación existe entre los deseos e impulsos que habitan en el cerebro y nuestras acciones? ¿Qué tienen los cerebros que se convierten en líderes?

Tratando de encontrar la respuesta, los científicos llevan tiempo intentando dibujar el mapa de nuestra cabeza. Uno de los aspectos cruciales en la vida social de una persona es su autoestima y como parte de ella, su capacidad de liderar.

Un hombre con una hacha (imagen referencial)
¿Podría ser el autoestima la clave del liderazgo innato?

Líderes natos

Es indiscutible que los líderes tienen más éxito en la vida que los demás: un mejor trabajo, mejores relaciones de pareja, mejores lazos sociales y un largo etcétera. Pero, ¿por qué a algunos no les cuesta nada mostrar el camino a seguir y llevar las riendas de su vida mientras otros se ven arrastrados a seguir la corriente?

El estudio llevado a cabo por los científicos del University College de Londres reveló que existen ciertos genes del ADN que determinan el liderazgo de una persona. Para ello, investigaron a más de 4.000 personas con altos cargos en la sociedad y encontraron una espiral de ADN común para la mayoría de ellos: CHRNB3. Se llama así al recipiente de neurotransmisores que cumple la función de llevar una señal nerviosa al cerebro.Sin embargo, la herencia solo determina en un 24% la capacidad de una persona para liderar. El resto depende de factores que todavía desconocemos, afirma el estudio.

«Lo más importante es que los futuros trabajos deben tener en cuenta que el papel del ambiente no es todo lo que importa. Si realmente queremos entender el liderazgo y su efecto en los resultados organizativos, institucionales, económicos y políticos, debemos estudiar tanto la naturaleza como la crianza», concluye.

Mujeres de negocio (imagen referencial)
© Foto : Pixabay
El liderazgo también se mide en la capacidad que tiene un individuo en trabajar en equipo

Demostrar quién manda aquí

A su vez, los neurofisiólogos chinos creen que la activación de una determinada parte de la corteza cerebral permite convertir incluso a una persona con muy baja autoestima en un líder. Sin embargo, por el momento los experimentos solo se han realizado en ratas de laboratorio.

Durante la investigación los científicos enfrentaron a dos ratas en un tubo estrecho y contemplaron su reacción. Normalmente, surgía un conflicto en el que un animal desplazaba otro. Pero la cuestión no fue la fuerza física, sino si la experiencia de los enfrentamientos que se habían producido había sido positiva o negativa. Las ratas eran más agresivas si durante los experimentos preliminares habían tenido suerte, y actuaban con cautela si habían perdido contra su oponente.Los investigadores descubrieron que la información sobre estas victorias o derrotas se guarda en la parte frontal de la corteza cerebral de las ratas. Los investigadores inventaron la forma de activar estas zonas cerebrales de forma artificial y volvieron a realizar el mismo experimento.

El nuevo experimento reveló que al activar estas neuronas las ratas que antes cedían comenzaban a desplazar a los machos más fuertes y peligrosos, aumentando así significativamente la cantidad de victorias y, así, mejorando la percepción que tenían entre el resto. Los investigadores también desactivaron las zonas cerebrales de la rata dominante, lo que llevó a que actuaran con mucha precaución y a que perdiesen su ventaja allí donde antes la tenían fija.

Al igual que los humanos, los animales sociales también se dividen entre líderes y seguidores
© Foto : Pixabay
Al igual que los humanos, los animales sociales también se dividen entre líderes y seguidores

Problemas de salud

Un equipo de científicos de Kenia y Estados Unidos descubrió que los problemas de salud no se deben solamente al riesgo elevado de lesión. Los científicos observaron durante nueve años cinco grupos de babuinos. Analizaron su comportamiento dentro de sus comunidades y midieron periódicamente los niveles de testosterona y glucocorticoides en los excrementos de los machos. Su sangre acumula muchas hormonas que estimulan el organismo en las situaciones de estrés.

La investigación reveló que la concentración de las hormonas del estrés en las heces de los líderes era, en promedio, varias veces mayor que la de las heces de los conocidos como machos beta. Se trata de individuos que apoyan al líder y, como resultado, disfrutan de los mismos beneficios que él. Durante los tiempos de tranquilidad la concentración de estas hormonas resulta dañina para el funcionamiento del sistema inmunológico.