Música de Revueltas, Chávez, Alcalá y Moncayo, en el concierto en homenaje a Miguel León-Portilla

Cultura

El primer movimiento de La noche de los mayas y Janitzio de Silvestre Revueltas, la Sinfonía india de Carlos Chávez, Dios nunca muere de Macedonio Alcalá y el Huapango de José Pablo Moncayo, cinco de las obras de música de concierto mexicana más importantes de todos los tiempos podrán ser escuchadas en el concierto que la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), ha organizado en homenaje al gran historiador Miguel León-Portilla, y el cual se llevará a cabo el lunes 8 de julio a las 20:00 en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. Entrada libre.
La Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), bajo la dirección huésped de Eduardo García Barrios y con la colaboración de las coordinaciones nacionales de Literatura y Teatro del INBAL, ofrecerá el concierto interdisciplinario La voz del tlamatini, en el marco del tributo nacional que diversas instituciones públicas, coordinadas por la Secretaría de Cultura, le rinden al humanista e intelectual.
La noche de los mayas fue escrita para la película homónima de Chano Urueta, estrenada en 1939. A decir de la crítica, la partitura de Revueltas es superior al valor del filme mismo e incluso es considerada como una de las obras más importantes del compositor duranguense.
Por otra parte, después de visitar Janitzio –una de las islas del lago de Pátzcuaro, en Michoacán– a principios de los años treinta, Revueltas escribió el poema sinfónico del mismo nombre, inspirado tanto por el entorno natural del lugar, como por los sones tradicionales michoacanos. Revueltas compuso esta pieza en 1933 y revisó la partitura tres años más tarde. Fue estrenada el 8 de diciembre de 1933 por la Orquesta Sinfónica de México –antecesora de la OSN– bajo la dirección del propio Revueltas, quien entonces era subdirector de la agrupación cuyo titular era Carlos Chávez.
Precisamente de Chávez el público podrá apreciar la Sinfonía india, cuyo carácter sonoro se debe a tres factores principales: la base de melodías indígenas (particularmente seris, yaquis y wixárikas), su complejidad rítmica y el uso de instrumentos prehispánicos de percusión. Chávez escribió esta obra entre fines de 1935 y principios de 1936, y fue estrenada por el propio compositor con la Orquesta del Columbia Broadcasting System, el 23 de enero de 1936 en Nueva York. Fue interpretada por primera vez en nuestro país el 31 de julio de 1936 por la Orquesta Sinfónica de México, también bajo la batuta de Chávez.
Dios nunca muere fue compuesto por Macedonio Alcalá en 1868. Debido a su fama en Oaxaca –de donde es originario su autor–, este vals es considerado el himno del estado.
El Huapango es la obra más conocida de Moncayo, y probablemente de toda la música de concierto mexicana, y así como la de Alcalá, por su popularidad y arraigo nacional ha sido nombrada el segundo himno del país. Fue compuesta a partir de la reinterpretación de los sones veracruzanos. Fue estrenada el 15 de agosto de 1941 en el Palacio de Bellas Artes por la Orquesta Sinfónica de México, bajo la dirección de Carlos Chávez, quien comisionó la obra a su autor.
La interpretación de las piezas musicales estará intercalada con la lectura dramatizada de textos de León-Portilla y de poemas en náhuatl –y su traducción al español– que el humanista ha rescatado en su obra, de poetas como Nezahualcóyotl, Macuilxochitzin y Aquiauhtzin de Ayapanco, a cargo de los actores Jennifer Moreno y César René Pérez. La producción escénica es coordinada por la subcoordinadora nacional de Teatro, Lydia Margules. El vestuario ha sido diseñado por María y Tolita Figueroa.