Rostro invisible condensa las cualidades expresivas de la danza, el video, la instalación y la fotografía, en las que el pintor y cineasta Wolfgang H. Scholz (Dresde, 1958) despliega su capacidad creativa, a partir de la exploración de semblantes que se articulan en secuencias de imágenes y trípticos en blanco y negro.

En una búsqueda desde el registro directo y la imagen, la muestra presentará –hasta el próximo 29 de mayo, en la galería de la Casa Rafael Galván de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)– impresiones de rostros y cuerpos atravesados por el manejo del movimiento, el tiempo y el espacio, como parte del amplio abanico de posibilidades de la plástica del artista alemán, quien durante años ha explorado una diversidad de soportes audiovisuales en iniciativas de carácter intermedial que lo han llevado a desarrollar escenografías multimedia para bailarines y performers.

En esta serie recurrió a una fórmula de retrato vinculada a la iconografía institucional para verificar la identidad ciudadana y, al duplicar sólo un lado del rostro, construir otras nuevas, con dislocaciones que ahondan en una operación de extrañamiento sobre las fisonomías de personas de su entorno cercano.

Irving Domínguez señala en el texto de sala que Scholz crea desde una condición de desplazamiento continuo, en el que cada gesto puede comprenderse como un espacio de tránsito desde el cual se contempla el mundo, pero también donde se produce el proceso mismo de la representación.

Las 14 piezas expuestas testimonian la obsesión del autor por los rostros y las corporeidades, en particular la plasticidad, la capacidad de evocación y expresividad, y las formas moldeadas en superficies y cuadrículas realizadas de imágenes.

Left-Right Faces plasma rostros de personas comunes que aparecen en credenciales y tarjetas de identificación de uso en Göttingen, Alemania; Buenos Aires, Argentina; Guadalajara, Jalisco, y Ciudad de México.

Otra serie se aproxima al trabajo de Katsura Kan, el reconocido maestro japonés de danza butoh que expone el cuerpo desde la fragilidad de la escena para mostrar humanidad, pero también la furia interna lograda en un conjunto de cuadros en blanco y negro.

En los retratos del bailarín, “el registro responde a una mirada atenta que busca continuar a través de la imagen. Fija la fuerza de un gesto coreográfico generado desde una profunda introspección”, lo que aparece también en obras multimedia para escenarios, algunas expuestas en esta galería, en las cuales se aprecia la cámara en relación con el movimiento y la articulación meticulosa y grave de la danza para romper lo efímero de la escena, explica Domínguez.

Scholz creció en el seno de una familia de larga tradición de artesanos y estudió en la Academia de Artes de Dresde. En 2001 llegó a la Ciudad de México, donde vive y trabaja. En 2016 y 2017 la filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Museo Universitario del Chopo presentaron grandes retrospectivas de su trabajo.