En el Día Internacional de los Derechos Humanos conmemoramos hoy la adopción en 1948, hace 71 años, de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Nació como un intento de nunca repetir la pesadilla de los crímenes de lesa humanidad que se vivieron en Europa y otras partes del mundo en esa misma década, tras el horror vivido en la Segunda Guerra Mundial que dejó varias decenas de millones de muertos. Logró con creces su objetivo: se trata de un documento histórico que dejó claro y en alto los derechos inalienables inherentes a todos los seres humanos.

Como Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) me he dedicado sobre todo a promover una visión contundente: Más derechos para más gente. Ese lema es nuestro norte, porque defender y ampliar los derechos humanos es un deber sagrado que todos los que creemos en la democracia y en la libertad tenemos que cumplir.

Hemos avanzado mucho, pero seguimos viendo patrones de violencia persistentes y preocupantes. Nuestra Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) cada año recoge mayor número de denuncias.

Este año quiero expresar especialmente mi preocupación por la violencia que sufren las personas que defienden los Derechos Humanos en las Américas. Desgraciadamente, con demasiada frecuencia nos vemos obligados a recordar lo que por otra parte debería ser obvio: Los Derechos Humanos de los líderes sociales son, como los son los derechos humanos de todos los ciudadanos del continente, inviolables.

Quiero hacer un sentido reconocimiento a estas lideresas, líderes y defensores de Derechos Humanos en todo el Hemisferio. Para la OEA ha sido y es un imperativo acompañar y respaldar las gestiones que desarrollan a favor de la promoción, reivindicación, respeto y protección de los Derechos Humanos. Esta labor constituye un eje central para la transformación social y la consolidación de la paz, la democracia y la vigencia de los Derechos Humanos en la región.

Es de justicia hacer una especial mención a todas aquellas mujeres lideresas defensoras de Derechos Humanos, por transformar sus realidades, por ser agentes constructoras de paz, por abrirse espacios que históricamente les han sido negados, abriendo camino para que cada día más mujeres ejerzan sus derechos con una poderosa agenda de igualdad y paz.

Combatir la violencia que se ejerce contra estos defensores de los Derechos Humanos es una responsabilidad de los gobiernos, pero también de nuestras sociedades, de nuestros ciudadanos, de nuestras empresas y de la comunidad internacional. Es una responsabilidad y un deber sagrado compartido por todos.

Los Derechos Humanos en todo el continente tienen enemigos peligrosos. Es nuestra responsabilidad ser más fuertes, más valientes que ellos y defender sin pausa los derechos y principios que celebramos juntos hoy en el Día Internacional de los Derechos Humanos.