Manuel Gutiérrez Nájera, una sonrisa del alma

Este 22 de diciembre se celebran 160 años del nacimiento del poeta, periodista y escritor capitalino Manuel Gutiérrez Nájera, considerado el primer gran cronista de la Ciudad de México y precursor del modernismo que cambió el rumbo de la narrativa y la estética literarias de nuestro país.

La vida y obra de Gutiérrez Nájera (1859-1895) es conocida principalmente por su cuerpo literario que se refleja en la poesía y narraciones cortas que creaba; no obstante, fue además un agudo observador del espacio urbano en la capital del país, que habitó en su fructífera vida y está expresada premonitoriamente en su poema Para entonces publicado antes de su fallecimiento: “Morir, y joven: antes que destruya/el tiempo aleve la gentil corona;/ cuando la vida dice aún: ‘soy tuya’,/ aunque sepamos bien que nos traiciona”.

Y es que el poeta, ensayista y médico cirujano, Gutiérrez Nájera, originario de la Ciudad de México, donde nació el 22 de diciembre de 1859, falleció el 3 de febrero de 1895, a los escasos 36 años de edad, una muerte prematura, independientemente de las causas que la provocaron.

Trabajó en distintos hospitales y solía utilizar múltiples seudónimos, no obstante, entre sus contemporáneos se le conocía como El duque Job.​ Vivió toda su vida en la capital del país, con excepción de algunas estadías en Querétaro y Veracruz, así como alguna temporada en una hacienda familiar de Puebla.

Gutiérrez Nájera cultivó diversos géneros literarios en prosa y en verso, y presagió en su estética y en su obra a la primera generación modernista. Por el “afrancesamiento” que vivía la Ciudad de Mexico en su época, su obra literaria se inspiró en los escritores Paul Verlaine, Théophile Gautier y Alfred de Musset, además de Gustavo Adolfo Bécquer y los místicos españoles Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

Al lado de Carlos Díaz Dufoo, fundó la Revista Azul, una publicación que guió y definió precisamente el modernismo de la literatura mexicana, pero también marcando la transición desde el Romanticismo. Cultivó además la crítica literaria y teatral en las que se distinguió por el uso de un lenguaje de gran personalidad expresiva. Su principal interés radicó, según sus propias palabras, en “expresar los pensamientos franceses en versos españoles”.

Su obra poética y narrativa son más conocidos que el trabajo como cronista; sin embargo, los especialistas reconocen que pocas personas de la época cultivaron el género como lo hizo Gutiérrez Nájera, quien dedicó gran parte de su obra a dibujar y redibujar la Ciudad de México.

Ya en su época el intelectual, historiador, político y filósofo mexicano Justo Sierra definió el estilo literario de Gutiérrez Nájera como “una especie de sonrisa del alma”, en alusión a la primera edición de Poesías completas de Gutiérrez Nájera publicada en 1896 con prólogo del propio Justo Sierra.

“Gutiérrez Nájera no tiene más biografía que su trabajo disperso a lo largo de 22 años en casi todas las publicaciones de su época. No quiere ser sino escritor y da a los periódicos crónicas, reseñas, cuentos, artículos, gacetillas multiplicadas al infinito por la necesidad y también por el incontrolable gusto, que acaban pronto con su vida, pero dejan su obra en la historia literaria”.

Emplea infinidad de seudónimos, sobre todo El duque Job, aristócrata en harapos y hombre al que azotan los males del mundo. Porque Gutiérrez Nájera cree que al trabajar para la prensa diaria arroja su espíritu por la coladera y destruye toda posibilidad de hacer sus poemas.

Sin embargo, las crónicas están escritas en una de las prosas más renovadoras de la lengua española en su momento y con un placer aún comunicable a sus lectores, más allá de la muerte de la retórica en que estuvieron sustentadas”, escribió José Emilio Pacheco, quien lo calificó como “el mejor escritor mexicano del siglo XIX”.

A la par, Julio Jiménez Rueda afirmó en Antología de la prosa en México: “Se entregó en cuerpo y alma a una tarea periodística abrumadora, escribiendo comentarios, cuentos, impresiones, relatos, gacetillas. Tal tarea produjo en él un serio quebranto a su salud que lo lleva a morir muy joven… Fue el creador de un género literario: La crónica…”.

Entre las obras de Manuel Gutiérrez Nájera destacan el poema La duquesa Job y las colecciones de relatos breves Cuentos frágiles (1883) y Cuentos de color de humo (1894); su obra lírica fue recopilada póstumamente en el volumen Poesías (1896).