Les plus belles années d’une vie, una película sobre la importancia del presente. Ni un epílogo, ni una secuela: el eterno enamorado de la vida que es Claude Lelouch se queda con la idea de empezar de cero. En un impulso tocado por la gracia, Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée vuelven a encontrarse delante de la cámara del gran maestro y en el Festival, Fuera de Competición, 53 años después de Un Homme et une Femme (Un hombre y una mujer), Palme d’or de 1966, que el director consigue a sus 27 años. Entrevista con un eterno adolescente.

¿Cómo le surge la idea de Les plus belles années d’une vie?
Esta película se podría considerar un milagro. Primero, ha sido necesario sobrevivir durante 53 años. Y, curiosamente, podemos constatar que los jóvenes acuden como locos a aquella película, como si fuese capaz de responder a todas sus preguntas. Por lo tanto, lo considero algo mágico. He hecho cerca de 50 películas, y esta es la que más miedo me daba porque no quería tocar Un Homme et une Femme (Un hombre y una mujer), no quería que cambiara el sentido de lo que representa. Asumimos todos los riesgos posibles, filmando la película como si se tratara de una película de aficionados, pensando que solo la verían nuestros amigos. Y, sin embargo, aquí nos tienes, de nuevo en Cannes, 53 años después… Con esta película, hay algo que no termino de entender, me siento como si fuera el becario de un gran director. Hemos presenciado un increíble número de milagros, y creo que no hace falta explicar los milagros.

¿Qué emociones sintió el primer día de rodaje?
Ese día nos dijimos: ¿habrá otros? Pero sí, funcionó y seguimos rodando durante diez días, como en una burbuja. No hemos rodado una película, hemos vivido una historia. A Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée les sorprendía que el paso del tiempo les diera la razón. Ya se sabe que la única crítica que cuenta es la del paso del tiempo, y ese día, esa crítica parecía estar de nuestro lado, así que lo aprovecharemos.

Chabadabada…, ¿qué hay de la música 53 años después?
Francis Lai pudo hacer la música de la película antes de dejarnos. Posiblemente, nos haya compuesto dos de sus temas más hermosos: «Les plus belles années d’une vie» y «Mon amour», en homenaje a este amor. Y Francis, Didier Barbelivien y yo confiamos la orquestación a Calogero. Para mí era imprescindible que la canción fuese de Nicole Croisille (en Un Homme et une Femme (Un hombre y una mujer)) a Calogero, que la cantaran los dos.

«Esta película se podría considerar un milagro».

La historia de amor de Un Homme et Une femme (Un hombre y una mujer) siempre se menciona como una de las historias más hermosas del cine, ¿cómo se lo explica? 
Por suerte, se trata de algo que no tiene explicación. Forman parte de esas parejas mágicas que han marcado la historia del cine. El amor no tiene edad, como vemos en la película… Mientras el corazón siga latiendo, todo es posible, sobre todo, un instante de felicidad…

Al hablar de usted, Jean-Louis Trintignant mencionaba un «don de la infancia y la frescura de lo natural», ¿cómo ha sabido conservarlos? 
Opino que, durante toda nuestra vida, tenemos la misma edad, y yo he sido un adolescente toda mi vida. Descubro la vida cada día. Siempre he pensado que la vida es un juego, un juego peligroso, terrible, en el que hay que desenmascarar a los tramposos, como en cualquier otro juego. Siempre he intentado hacer un cine sin trampas, basado en la espontaneidad.