La óptica de género aplicada al estudio de las migraciones toma en cuenta a las mujeres involucradas en los procesos de movilidad como protagonistas económicamente activas y ofrece un marco conceptual nuevo, que ha roto con el análisis clásico centrado en la figura del hombre, sostuvo la antropóloga italiana Adelina Miranda en la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

También incluye el papel de la esfera reproductiva, que ha posibilitado la deconstrucción de paradigmas androcéntricos y de la clase obrera, y demostrado el impacto de la globalización, argumentó la investigadora de la Universidad de Poitiers, de visita en México.

En Francia, Italia y México, la interpretación de migración urbana se sustenta en una concepción sedentaria que considera el desplazamiento humano, aun más el de las mujeres, en una especie de anomalía en el funcionamiento de la sociedad.

“Ahora el movimiento debe ser considerado consustancial a la realidad social, tal y como ha subrayado H. Lefebvre, por estar siempre en actividad, además de que debemos estudiar las conexiones, en el marco de los vínculos entre seres humanos”, dijo al participar en el Ciclo permanente de conferencias sobre migraciones a nivel mundial.

Una perspectiva de género significa deconstruir las categorías migratorias; abrir perspectivas de análisis de orden epistemológico y metodológico; estudiar el éxodo de mujeres y hombres con el fin de elaborar un cuadro interpretativo común para reunir las diversas implicaciones de los sujetos en las redes transnacionales, el movimiento asociativo y las formas de circulación del dinero, la información y las relaciones intergeneracionales”.

En la década de 1980, los Women´s studies y los Gender´s studies sentaron las bases de la renovación de la deliberación epistemológica, conceptual y metodológica sobre los desplazamientos femeninos, lo que hizo reflexionar sobre el lugar que la esfera reproductiva ocupa en estos asuntos, profundizar en la dinámica existente entre aquélla y la productiva, e ir más allá de una visión economicista para incluir aspectos de la sexualidad, las emociones y deconstruir una visión heterosexual de los asuntos migratorios”.

El estudio de las migrantes contemporáneas pone su atención en la articulación entre factores económicos y no económicos de los éxodos, y en la importancia de ubicar a las mujeres en los sectores vinculados con la esfera reproductiva.

Las investigaciones que han dado nueva visibilidad de este fenómeno se distribuyen en dos polos: el diferencial que evidencia las disimilitudes entre ellos y ellas e identifica la búsqueda de autonomía personal, los resultados profesionales o la aspiración para acceder a las sociedades igualitarias, y otro holístico, el cual posiciona el traslado de mujeres en un debate más amplio y confirma su importancia epistemológica.

En la mayoría de los casos, las migrantes desarrollan trabajo doméstico o de cuidados, y hay una fuerte presencia en las áreas menos calificadas del sector de servicios, además de una ausencia de reconocimiento de su calificación y nivel de escolaridad, por lo que se reproducen las jerarquías de poder específicas que se asignan a lo femenino.

“La movilidad se vuelve entonces un recurso económico simbólico que, más que alcanzar la igualdad entre los sexos, lleva a una constante redefinición de las relaciones sociales entre aquéllos, entre la sociedad de partida y la de llegada”.

Aún queda por explorar la posición de las mujeres que no viven la movilidad, pero que están involucradas en condiciones de éxodo debido a que desarrollan un rol fundamental en la gestión de las remesas enviadas por los varones.

En la conferencia organizada por la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Unidad Xochimilco también estuvieron la doctora Cristina Pizzonia Barrionuevo y la maestra Haydeé Vélez Andrade, académicas de los departamentos de Relaciones Sociales y de Educación y Comunicación, respectivamente.