El cambio climático manifiesta sus efectos en prácticamente todo el territorio mexicano a través de la escasez de lluvias, en una magnitud que va desde sequía leve a severa. Esta irregularidad se resiente en 27 estados de la República, mientras que el abasto de agua potable afecta en diversa magnitud a más del 50 por ciento del territorio nacional, señaló Rafael García del Horno, secretario de Finanzas de la Fundación Mejoremos al Campo.

Productores de granos básicos de las regiones centro, noroeste, noreste y el occidente, estiman poco probable que se pueda cumplir con el promedio anual de siembra de granos básicos, de 12 millones de hectáreas, tanto en condiciones de riego como de temporal.

García del Horno dijo que las presas del país destinadas a la agricultura, están a niveles de entre el 20 y 30 por ciento, casi al límite de su nivel mínimo de conservación. Los depósitos de agua del subsuelo igualmente han llegado a su límite de extracción.

Estas condiciones adversas para la práctica de la agricultura y ganadería, de la industria y los servicios, echan abajo las expectativas de revertir la pobreza, la falta de empleo y de recuperación del índice de crecimiento del Producto Interno Bruto, después de una caída brutal de más de 10 por ciento en 2020, a causa de la pandemia de COVID 19 y a la nula capacidad de respuesta inmediata por parte de las instituciones de salud del gobierno federal.

Hay preocupación en el campo mexicano por varias razones. Además de la sequía, el crédito para los pequeños y medianos productores de maíz, frijol, trigo y arroz, base de la alimentación en México, está deprimido; la Financiera Nacional no opera y la banca privada no quiere saber nada con el campo. “Tal vez sea por falta de garantías”, apuntó Rafael García del Horno.

Se espera que, en los próximos meses, la inflación se eleve notablemente, debido a la escasez de granos básicos en el mercado, y de alimentos en general. De hecho, el precio de la tortilla pasó de diez pesos el kilogramo, a 18 pesos en sólo los primeros tres meses de 2021. La leche de vaca llegó a 26 pesos el litro, de marcas supuestamente de calidad reconocida, mientras que las llamadas fórmulas lácteas elevaron sus precios de 11 a 18 pesos el litro.

El dirigente campesino recordó que el gobierno federal justificó el aumento al precio de la tortilla, señalando que “se habían importado faltantes de maíz blanco”. Lo cierto es que México no importa maíz blanco, sólo amarillo para la alimentación de la ganadería productora de carne, leche y huevo.

Si las cifras que dio a conocer el titular de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, Víctor Villalobos, en el mes de diciembre de 2020, de una cosecha de 28 millones de toneladas de maíz, son ciertas, no habría razón de importar maíz amarillo para tortillas, en el entendido de que el amarillo es transgénico y, por costumbre y precio más bajo que el blanco, se ha destinado al consumo animal.

Es de señalar también, dijo García del Horno que el consumo nacional de maíz blanco para la industria de la tortilla, es de aproximadamente 16 millones de toneladas anuales, de manera que, si la cosecha que se obtuvo fue de 28 millones, si no nos equivocamos, quedaría un remanente de 12 millones de toneladas de maíz blanco. Este volumen existiría como inventarios o reservas para contingencias.